La imagen de mujeres palestinas cargando a sus hijos bajo los bombardeos, desplazadas una y otra vez sin agua, sin refugio y sin atención médica, sigue siendo uno de los rostros más brutales de la barbarie capitalista. Mujeres pobres, migrantes, trabajadoras: somos quienes recibimos los golpes más duros de las guerras, del hambre y de los ajustes. Y en nuestras vidas cotidianas, la violencia machista continúa multiplicándose. La pregunta sigue siendo urgente: ¿cómo luchamos para acabar con la violencia hacia nosotras?
Mujer, trabajadora, pobre, en la pelea
La violencia machista está en todas partes: femicidios en aumento, desapariciones de niñas y mujeres, precarización laboral, desigualdad salarial y el avance de sectores reaccionarios que buscan recortar derechos.
En Argentina, la crisis social se agrava: largas filas en comedores, trabajadoras de la salud reclamando salarios dignos, mujeres que realizan las mismas tareas que sus compañeros pero cobran menos, y miles de jefas de hogar sosteniendo familias enteras con empleos más inestables y peor pagos. Este escenario, repetido hasta el cansancio, parece naturalizarse.
Pero también vemos resistencia. En Palestina, mujeres sostienen la vida comunitaria bajo guerra y ocupación. Y en Argentina, trabajadoras de sectores altamente feminizados—como el Hospital Garrahan o el Hospital Laura Bonaparte—encabezan peleas contra el ajuste en salud y exigen condiciones dignas para poder cuidar y cuidarse.
No hay contradicción: cargamos las tareas más invisibles y precarizadas, sufrimos violencias extremas, pero también somos quienes más peleamos.
Ajuste, aumento de la pobreza y desocupación
Con el gobierno de Javier Milei, las condiciones de vida de las mujeres trabajadoras se deterioraron aceleradamente. El aumento de la pobreza y la desocupación golpea con especial dureza a las mujeres, muchas de ellas jefas de hogar que sostienen solas a sus familias.
Además, el cierre de la Subsecretaría de Prevención de la Violencia Machista dejó a miles de víctimas sin acompañamiento, sin recursos y sin dispositivos básicos de protección. Los refugios quedaron desfinanciados y las líneas de asistencia no alcanzan.
Todo se justifica bajo la idea de “recortes necesarios”, mientras se priorizan pagos de deuda externa y beneficios a grandes empresas y bancos. Como siempre, la deuda no es con nosotras: es con los usureros de siempre.
¿Y las conducciones dónde están?
Organizaciones feministas cercanas al gobierno anterior no ofrecen una oposición firme frente al ajuste. Y las centrales sindicales —CGT y CTAs— siguen firmando acuerdos a la baja mientras la pobreza avanza a pasos agigantados
La consigna “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos” quedó vaciada por direcciones que hoy guardan silencio ante despidos, recortes sociales y el abandono de las políticas de protección. No enfrentan el ajuste: lo administran o lo toleran.
La fuerza real, como siempre, la ponemos desde abajo.
Peleamos por un verdadero plan de emergencia contra la violencia machista!
Conseguimos derechos como el aborto legal organizándonos y movilizándonos. Resistimos en los lugares de trabajo, en hospitales, escuelas y comedores comunitarios. Sabemos que la salida es la organización desde abajo y la unidad con toda la clase trabajadora.
Necesitamos un Plan de Emergencia contra la Violencia Machista que incluya:
- Presupuesto inmediato para refugios para víctimas de violencia machista, asistencia y salud integral.
- Trabajo registrado con sueldos igual a la canasta familiar. Igual salario por igual trabajo.
- Vivienda para mujeres y diversidades en situación de violencia.
- Educación Sexual Integral efectiva y laica.
- Garantía plena del aborto legal en todo el país.
- Políticas reales contra la trata, los abusos y la explotación.
- No a la Reforma Laboral que afecta de forma particular a mujeres y disidencias.
- Justicia por Luna Ortiz, Micaela, Nancy Fernández, Lara, Brenda, Morena y todas las víctimas de femicidios.
Y nada de esto es posible sin recursos. La plata existe: está en los pagos de deuda, en las ganancias extraordinarias de bancos y multinacionales y en la fuga de capitales.
Debemos pelear para que esos recursos vayan a nuestras vidas y no a los usureros.

