Trenque Lauquen: cine, fuga y la ofensiva del arte independiente

Mientras el sector audiovisual es atacado por políticas de desguace, la película Trenque Lauquen se alza como un acto de resistencia cultural. La crisis institucional es profunda: el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) fue intervenido y el Fondo de Fomento, paralizado; el Cine Gaumont permanece amenazado, y el Festival de Mar del Plata se vio forzado a realizar su edición 39ª bajo un nuevo modelo de co-producción y aranceles tras ser desfinanciado por el Estado nacional. En este panorama, el arte independiente se convierte en un campo de batalla. Es en esta coyuntura donde la existencia de la obra de Laura Citarella, gestada desde los márgenes de la producción estatal, se transforma en un recordatorio ineludible del valor cultural que el cine argentino aporta a nuestro imaginario.

La pampa como un laberinto

La película de Laura Citarella nos sumerge en el enigmático Trenque Lauquen. Allí se instala Laura, una avanzada estudiante de biología, contratada por el municipio para crear un herbario de flores nativas, aunque algo llama su atención y desaparece. El suspenso recorre la pampa bonaerense a través del novio y su enamorado, cada uno con sus propias razones para encontrarla. La trama brota como rizomas cuando el suspenso se pierde en la arbitrariedad de lo fantástico, dando a luz una narrativa onírica que nos permite pensar en la fuga como una forma de emancipación femenina.

Estrenada en el año 2022, dirigida por Laura Citarella y coescrita junto a Laura Paredes (la protagonista) el film se realizó en seis años, lo que implicó varios cambios a lo largo del rodaje. Películas como Ostende (2011), dirigida por Citarella y protagonizada por Paredes y La mujer de los perros (2015) codirigida y coescrita entre Citarella y Verónica Llinás, comparten el género de misterio, personajes femeninos complejos y las tres forman parte de la productora El Pampero Cine, iniciada en 2002 por Mariano Llinás, Alejo Moguillansky, Laura Citarella y Agustín Mendilaharzu, puro cine independiente argentino.

Un modelo de autogestión que desafía al sistema

El Pampero Cine es un colectivo que defiende su independencia, rechazando los postulados de la industria audiovisual y los circuitos de producción tradicionales. A diferencia de gran parte del cine argentino que depende de los subsidios del INCAA, este colectivo desarrolló una estrategia consciente de prescindir de estos fondos institucionales para mantener una total libertad artística.

Su modelo se basa en la autogestión. Para ello, aplican la minimización de costos, permitiéndoles realizar rodajes largos y ambiciosos (como los seis años de Trenque Lauquen) sin presiones de la industria. Además, practican una economía circular interna, utilizando los ingresos generados por la exhibición de obras anteriores para financiar nuevos proyectos. Aunque en ocasiones han recurrido a premios de festivales internacionales o becas del Fondo Nacional de las Artes, su base es la autogestión. Esta limitación de recursos se traduce en una mayor libertad creativa, al no estar obligados a cumplir con las expectativas comerciales o de género impuestas por grandes inversores.

Influencias

Con una duración de 260 minutos y dividida en dos partes, percibimos la influencia del suspenso clásico de Hitchcock. La incertidumbre que rodea la desaparición de Laura, su nota escrita que dice adiós, adiós, me voy, me voy y los secretos que se desvelan lentamente, son elementos que recuerdan al maestro del suspense. También dice presente Lynch, tanto en la construcción de una atmósfera onírica como en la forma en que juega entre lo real y la extrañeza. En la segunda parte, la aparición de una criatura en la laguna introduce una dimensión surrealista, manteniendo un equilibrio entre lo real y lo fantástico.

La mutación del rizoma

La experiencia audiovisual se expande a través de la narrativa rizomática del film, ramificándose en múltiples direcciones: la desaparición de Laura es el catalizador para sumergirnos en una serie de eventos que revelan los secretos ocultos de la ciudad. Empezamos con suspenso, seguimos con romance, luego ciencia ficción y terminamos boquiabiertos; el pasaje de géneros cinematográficos puede impactar al principio, pero aquí el rizoma muta en su propia lógica de fuga en los doce capítulos que estructuran la trama.

La bifurcación del viaje

La primera parte está enfocada en la búsqueda de Laura. A través de los capítulos La aventura y La parte de Ezequiel; vemos la investigación y la relación que establece con su compañero de trabajo.

En el tercer capítulo Las cartas y los libros conocemos la obsesión de Laura. Al encontrar el libro Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada y otros textos sobre el amor de Aleksandra Kolontái, descubre una carta de amor oculta y se obsesiona con reconstruir el intercambio epistolar entre dos viejos amantes del pueblo. La primera parte finaliza esta intrincada búsqueda con los capítulos Adiós, Adiós, Me voy, Me voy, Los caminos y La parte de Rafael.

La segunda parte se inicia con el octavo capítulo La parte de Juliana. A través de un flashback, Laura comienza una nueva investigación que la lleva a la laguna y al misterio de un animalito sobrenatural que se alimenta de flores amarillas.

Vemos a Laura siguiendo a una embarazada misteriosa hasta la casa en el onceavo capítulo titulado Elisa Esperanza. Allí descubre que vive con otra mujer. La pareja se presenta como un refugio para Laura, y con el tiempo logran formar un vínculo estrecho, marcado por la complicidad. En este entorno, Laura encuentra un espacio para reflexionar sobre su identidad y su lugar en el mundo. Lo interesante de este tridente de mujeres que cuidan a la criatura es el sentido de comunidad y protección que logran construir entre ellas. Sin embargo, el destino de Laura sigue siendo incierto; las revelaciones sobre la criatura y la naturaleza de esta nueva comunidad solo profundizan el enigma, impulsándola hacia la decisión final que define su emancipación.

La calma es el grito

Si bien la narrativa aparenta ser compleja por su no linealidad y cambio de géneros, está muy bien construida. La fluidez de los diálogos refleja las complejidades de las relaciones humanas. No recaen en una pedantería innecesaria; la calma y el silencio es el grito más poderoso en este film.

El diseño sonoro brinda los elementos que estetizan la atmósfera. Los sonidos de la naturaleza (viento, agua) y los sonidos urbanos se conjugan para hipnotizarnos. La música compuesta por Gabriel Chwojnik añade texturas: sutil y misteriosa en la primera mitad, y más experimental e incorporando sonidos sobrenaturales en la segunda.

La cinematografía es exquisita, un bordado de luz y sombras que nos envuelve en un halo de misterio. La luz natural y los encuadres capturan la esencia del lugar con tomas panorámicas. Las escenas diurnas contrastan con las sombras profundas de la noche, delineando el fantasmagórico borde entre lo conocido y lo oculto.

El ritmo del montaje varía según la ocasión, pero las transiciones entre escenas son fluidas, utilizando cortes rápidos en los momentos de tensión y transiciones pausadas en las escenas contemplativas, haciéndonos danzar a través del laberinto narrativo trenquelauquense.

La dirección de arte y el vestuario están al servicio de la narrativa. La elección de escenarios naturales y la escenografía construyen un realismo que contrasta con los elementos fantásticos. La actuación, especialmente de Laura Paredes, es sutil y poderosa, transmitiendo la determinación y la curiosidad del personaje con una contención que añade profundidad a la narrativa.

Laura Citarella y su equipo realizaron una obra que no solo narra una historia de suspenso, sino que también nos abre paso a un universo donde lo real y lo fantástico coexisten en una danza armoniosa. Teniendo en cuenta la saturación de contenidos vertiginosos en las plataformas de streaming, vale la pena tomarse el tiempo para ver las casi cuatro horas y media que dura la película.

El cine que desmantela el discurso de la desidia

El film, además de ganar como Mejor Película Latinoamericana en el 37º Festival de Mar del Plata, ganó en las categorías de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Reparto, Mejor Guion Original en el Premio de la Sociedad de Internacional de Cinéfilos y estuvo nominada a Mejor Película en el 79º Festival de Venecia. Este reconocimiento global no solo celebra el talento y la visión de Laura Citarella, sino que también subraya la enorme capacidad de la producción nacional, incluso aquella que surge desde la absoluta independencia como El Pampero Cine, para generar obras de alto impacto artístico y cultural.

La película es un manifiesto audiovisual que se impone ante la desidia del cine nacional por parte del gobierno. El presidente del INCAA, Carlos Luis Pirovano, que no tiene idea de cómo se autofinancia el organismo, manifestó en marzo del 2024: “para qué tener un canal de televisión y una plataforma” en referencia a Cine.ar y Cine.ar Play, en un plan de desmantelamiento audiovisual a través de despidos, desfinanciación de festivales como el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, del Fondo de Fomento, la amenaza de clausura del cine Gaumont, y la posibilidad de la baja de los sitios digitales Cine.ar y Cine.ar Play.

Nadie puede contar, retratar, inventar nuevos mundos ni criticar lo nuestro mejor que nosotros. Por eso es importante que existan, se produzcan, se graben, se exhiban cortos y películas realizadas con nuestras propias manos.

Si bien la situación del sector nunca fue una panacea, la actual escalada de discursos y acciones que niegan nuestra identidad audiovisual, que despiden a los trabajadores y que buscan cortar el acceso del público a sus propias producciones nacionales, resulta inadmisible y debe ser resistida. Ante el desguace audiovisual, el propio sector responde con la autogestión, como la creación del festival Fuera de Campo, una iniciativa independiente que busca ocupar el espacio dejado por el desfinanciamiento estatal.

En un país donde se busca cerrar las puertas a la creación y a la crítica, la fuga de Laura, que desaparece para encontrarse en lo fantástico y lo colectivo, se convierte en la metáfora definitiva: el cine argentino encuentra caminos, aunque sea desde los márgenes, para emanciparse y seguir existiendo.

Fuentes:

https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/311131/20240724

https://www.politicargentina.com/notas/202411/62421-mas-despidos-en-el-incaa-desvincularon-a-otros-40-trabajadores.html

https://www.pagina12.com.ar/718388-una-de-terror-en-el-incaa-despidos-venta-del-cine-gaumont-y-

https://indiehoy.com/cine/el-pampero-cine-el-fervor-de-filmar-como-se-te-canta

https://journals.openedition.org/cinelatino/5845#:~:text=El%20Pampero%20Cine%20ha%20recibido,funciona%20de%20manera%20bastante%20autista.

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