130 años de “La Voz de la Mujer”, el primer periódico clasista escrito y dirigido por mujeres en Argentina

El 8 de enero se cumplieron 130 años de la aparición del primer número de “La Voz de la Mujer”, periódico del comunismo anárquico que editó nueve números entre enero de 1896 y enero de 1897, en Buenos Aires. Luego ese nombre fue reutilizado por la dirigente obrera anarquista Virginia Bolten en Rosario en 1899. 

En un momento muy inicial del movimiento obrero argentino, donde producto de la inmigración, ideas socialista y anarquistas empezaban a aflorar, estas militantes (cuyos nombres y biografías se desconocen)  tuvieron el valor de levantar su voz denunciando la explotación del sistema capitalista, ubicándose claramente como parte de la clase proletaria, y a la vez opresión que las mujeres de esa clase sufrimos doblemente, dirigiéndose también de forma tenaz a sus propios compañeros de clase, entre los que causó mucha convulsión su forma “no de lamento, sino de enérgica demanda“. Declaraban “Hemos decidido levantar nuestra voz en el concierto social y exigir, exigir decimos, nuestra parte de placeres en el banquete de la vida”.

El texto con el que inicia el periódico, “Nuestros propósitos”, se dirige a las compañeras y compañeros, denuncia la situación de las mujeres por la miseria, el rol de la Iglesia y el trato como objetos por parte de explotadores, esposos, hombres lascivos y dice: “Comprendimos que teníamos un enemigo poderoso en la sociedad actual y fue entonces también que mirando a nuestro alrededor vimos muchos de nuestros compañeros luchando contra la tal sociedad; y como comprendimos que ése era también nuestro enemigo, decidimos ir con ellos en contra del común enemigo, más como no queríamos depender de nadie, alzamos nosotras también un girón del rojo estandarte; salimos a la lucha… sin Dios y sin jefe” Juntos, pero no disueltas, ni subordinadas, pareciera ser la fórmula con la que se inicia esta empresa.

Por la recepción que tuvo el primer número, en el segundo el tono ya es otro: de ironía y combate. Contestaron en el segundo número, con una ferocidad envidiable: “Habéis de saber que nosotras las torpes mujeres también tenemos iniciativa (…) ¿sabéis?, también pensamos”. Acusaron a los que nombran como “falsos anarquistas” de regodearse de ser tan admirados por sus compañeras en sus casas por ser “tan revolucionarios”, pero que, a la vez, les gustaba ser obedecidos. Los advirtieron de que iban a entrar en sus casas y demostrarle a sus compañeras que ellos hablan de libertad, pero solo la quieren para sí. “Ya se acabó aquello de ¡Anarquía y libertad! Y las mujeres a fregar ¡Salud!” 

 Lo que convulsionó al movimiento no fue que las mujeres participaran, cosa que el anarquismo quería propiciar sumándolas a la lucha, sino que esa intervención en primera persona creaba una voz novedosa e irreverente.

Ya en el tercer número se cierra el ciclo centrado en esta disputa. El texto que lo inicia, “Firmes en la brecha”, diferencia dentro de los anarquistas a los detractores de los apoyadores, reivindica la intransigencia, pero vuelve a enfatizar la estrategia de lucha común “Ahora compañeros y compañeras: Todos aquellos que estéis conforme con nuestra línea de conducta, esperamos que nos prestéis la mayor ayuda posible para poder echar en cara a la Actual Sociedad Burguesa todas sus bajezas (…) Ya lo sabéis, pues. ESTAMOS FIRMES EN LA BRECHA

Los números siguientes se centraron más en la denuncia al sistema. Evidentemente para ganar su derecho a alzar la propia voz, les fue necesario primero disputar ese lugar entre sus propios hermanos anarquistas. 

Quienes las leen desde el feminismo (como Dora Barrancos), hablan de un feminismo contra feminista porque no se nombra como tal (cuando ya las feministas existían en el país) y encuentran en eso una contradicción. Sin embargo, desde la perspectiva clasista ahí no hay contradicción alguna: como clasistas que son, entienden la jerarquía de las peleas, entienden que, sin emancipación de la humanidad a manos de la clase obrera, no hay emancipación de la mujer. Pero eso no les impide pelear por su derecho a estar en la primera línea de la lucha y a decidir cómo hacerlo.

Aun con las muchas diferencias que como socialistas podríamos marcar respecto de la estrategia anarquista, estas voces “feroces de lengua y pluma” constituyen una tradición de lucha contra la explotación y combate al machismo al interior de la clase y de los movimientos políticos de la clase que es necesario conocer, difundir y emular, porque 130 años después seguimos exigiendo “nuestra parte de placeres en el banquete de la vida”. 

Compartir

Otros Artículos