Existe desde hace unos años la carrera universitaria en Ciencia de Datos. Aparentemente es un nombre un poco más rimbombante para lo que anteriormente se conocía como estadística. En la “sociedad de información” que nos ofrece el capitalismo, los datos, la estadística, se convierten en una mercancía de alto precio. Por ello, los magnates de los datos, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Elon Musk, están llenando sus cuentas off shore y piensan en sobrevolar el planeta vecino Marte. Pareciera que es el fin de la ciencia ficción, el futuro llegó hace rato.
En el marco de esta sociedad que fetichiza los productos, las mercancías, fruto del trabajo social, el precio colocado a ciertos productos es extraordinario. Pero en este caso no vamos a hablar de estadística fría, de cálculos generados en helados laboratorios de datos, sino de números que tienen rostro, carne, alma.
En los últimos años, gracias al esfuerzo militante de distintas organizaciones de mujeres, se han puesto en valor los datos del horror. En nuestro país desde 2015 para acá, hubo aproximadamente 2800 mujeres asesinadas por su condición de mujer. Madres, hermanas, obreras, docentes, que perdieron su vida en manos de parejas, ex parejas, familiares, en la gran mayoría de los casos. Una expresión barbárica del sistema.
La frialdad estadística nos puede servir de insumo, para formular políticas concretas de prevención, erradicación, en este caso, de la violencia machista. Y a la vez, nos puede servir para plantear hiṕotesis, conclusiones.
Una historia en números
Después de la movilización por Ni Una Menos en 2015, el Poder Judicial Nacional, a través de la Oficina de Mujer incorporó el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina.1 Allí están contabilizados los datos de causas judiciales por femicidios a nivel nacional. La movilización había logrado incorporar al sistema una primera contabilización. Anteriormente, esa estadística era elaborada por organizaciones de mujeres de forma independiente. Esos números, comenzaron a ser herramientas del estado.
Luego de importantes movilizaciones en 2015, 2016 y 2017 el entonces presidente Mauricio Macri crea el Instituto Nacional de las Mujeres(INAM). En 2018 se encaró, por un lado, la discusión sobre la legalización del aborto a través del Congreso y las instituciones en una negociación para que el movimiento dejara de estar en las calles y se encausara. Luego en 2019 el gobierno de Alberto Fernández, anuncia el “fin del patriarcado” y modifica el INAM al Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, para que la ejecución de presupuesto fuera a través del Poder Ejecutivo y no un ente descentralizado. Por fin, se contaba con un espacio dedicado a la política hacia las mujeres, con una representante del movimiento y abogada de derechos humanos a la cabeza (Elizabeth Gómez Alcorta). Desde el Ministerio se crearon políticas públicas como la Ley Micaela, se legalizó el aborto en ese período de gobierno, se ejecutó incluso casi el 100% del presupuesto asignado. 2
Sin embargo, los números del horror no cesaron. En 2015, el primer registro arrojó un total de 235 víctimas de femicidio en todo el país, siendo la mayoría de los casos perpetrados por parejas, ex parejas, familiares y conocidos. En los años siguientes, bajo el gobierno de Macri, las cifras se mantuvieron: 251 en 2017, 252 en 2019.
La esperanza de volver a la Década Ganada y la mala experiencia hecha con Macri, confluyeron en el triunfo del Gobierno de Alberto Fernández. Pero, pandemia mediante, las víctimas de femicidios no cesaron, en 2021, a mitad de mandato, se registraron 251 víctimas fatales, 182 niños quedaron sin madre, 42 mujeres habían denunciado a sus agresores. Fernández terminó su mandato en 2023 con un índice de 272 víctimas letales de la violencia de género ese año. ¿Y el Ministerio? En su corta vida, el Ministerio de Mujeres refaccionó refugios, dio apoyo económico a las víctimas con el Programa Acompañar, licitó espacios para nuevos refugios que no se llegaron a construir. Sin embargo, los números de víctimas fatales no se redujeron.
Pasado el gobierno de Alberto Fernández, gana el candidato libertario y abiertamente contrario a las políticas de género Javier Milei. Apenas asumido, disuelve el Ministerio mediante el decreto 8/2023 y delega las funciones del mismo a la Subsecretaría de Protección contra la Violencia de Género, a cargo del Ministerio de Capital Humano bajo el mando de Sandra Pettovello. Luego fue trasladada al Ministerio de Justicia y finalmente fue disuelta el 6 de junio de 2024.
Pese al ajuste fiscal, a los discursos oficiales, a la eliminación de programas públicos, los decesos se mantuvieron similares a años anteriores. En 2024 el Registro Nacional arrojó un total de 247 femicidios. Entonces, ¿cuál es la vinculación entre las políticas aplicadas y los resultados concretos en la cara más vil de la violencia hacia las mujeres? ¿En caso de haber continuado el Ministerio de Mujeres, se podría haber evitado esta actualidad?
En 2025, según el Observatorio Nacional Mumalá3 se relevaron 211 asesinatos de mujeres, travestis y trans, 142 niños y adolescentes quedaron sin madres; 1 mujer muerta cada 34 horas, en su amplia mayoría en manos de parejas, ex parejas, familiares o conocidos.
Pasan los gobiernos, pero la herida no cierra
En estos años han pasado gobiernos de derecha clásicos, peronistas, un gobierno abiertamente liberal o libertario actual. Y los números, el dato frío y objetivo de la realidad, no han variado en demasía. Podemos decir entonces que los discursos a favor o en contra de la política de género no modifican esta realidad. Presidentes han declarado el fin del patriarcado en cadena nacional y también han defendido los piropos o hecho metáforas aberrantes sobre pedofilia y los victimarios y las victimas siguieron ocurriendo. Las políticas, los presupuestos ejecutados, poner más plata o nada de plata al tema, al fin y al cabo, no han ido al quid de la cuestión.
Alguien podría argumentar que no se le ha dado tiempo a tal o cual política, plan, o táctica. O quizás para los gobernantes esas madres, hermanas, compañeras, no han sido rostros, fantasmas que los atormenten. Quisiera pensar que es un dato relevante de la realidad, que las vidas importan, y que no le hemos encontrado el agujero al mate, en estos años.
Entonces es importante abrir el debate, ponernos a pensar de qué forma salvar(nos), empezar a encontrar la punta del ovillo para desarmar la madeja del terror. Considero que en estos números está reflejada la podredumbre de este sistema, la degradación social que arrastra mujeres, travestis, trans, la misma que espectacularizó los asesinatos en un vivo de instagram de Brenda, Morena y Lara. La que somete a los adolescentes a ser soldaditos de los narcos. La que lleva a una violencia inusitada en los boliches para que unos rugbiers jovencísimos maten a golpes a un pibe. Por supuesto que esa violencia aplicada sobre una base de opresión a una mayoría como las mujeres lleva a resultados. Pero entonces, si la degradación es cada vez mayor, si la violencia se reproduce como un moho que parasita en los barrios, se precisan cambios de fondo, horizontes amplios, respuestas profundas y colectivas y la voluntad de llevarlos a cabo.

