Las mujeres en la lucha revolucionaria

En un nuevo aniversario de la revolución rusa de 1917, queremos rendir homenaje a la participación que en ella tuvieron las mujeres obreras y, en ese sentido, destacar las conquistas que obtuvieron tras el triunfo del gobierno obrero que transformó las bases económicas y sociales que eran causa del sometimiento de la clase obrera, y de la mujer como parte de ella.

La lucha de las mujeres en 1917

No es tan sabido, y muchas veces se oculta, que fue una huelga de las mujeres de la industria textil lo que desencadenó la revolución de febrero de 1917 (8 de marzo en el calendario occidental) en Rusia. Las mujeres obreras, en su mayoría, tenían a sus familiares hombres en el frente de guerra. Para salir a la huelga, convocaron además a los obreros metalúrgicos, y juntos lograron que decenas de miles de trabajadores se manifestaran en las calles y se organizaran en las barricadas de soldados, junto con las amas de casa que reclamaban pan frente a la Duma y a las lavanderas que exigían la nacionalización de las lavanderías.

Es importante que sepamos cuál era la situación de la mujer antes de la revolución para que podamos entender el enorme avance que esta significó. Por ejemplo, a las extenuantes jornadas de trabajo que excedían las 12 horas, se agregaba el bajo salario y la falta de derechos laborales que, muchas veces, hacía que las mujeres parieran a sus hijos en la propia fábrica. Casi 90% de las mujeres rusas eran analfabetas, y en el caso de las campesinas, que eran la mayoría, la obediencia al marido rozaba la esclavitud.

La revolución triunfante de octubre de 1917 dio a la mujer trabajadora relaciones libres del control de la institución “familia” y de la injerencia de la Iglesia y del Estado, y le proporcionó independencia a partir de la socialización del trabajo doméstico, a través de guarderías, lavanderías y comedores públicos que la liberaban de esa carga. Además, la revolución instituyó el matrimonio civil, aprobó el aborto libre y gratuito, legisló el divorcio y las uniones de hecho, otorgó iguales derechos a los niños nacidos dentro o fuera del matrimonio, dio acceso a las pensiones alimentarias, despenalizó la homosexualidad, entre muchas otras medidas, como la alfabetización masiva y el empleo para todos. Si bien estas conquistas pudieron aplicarse sólo parcialmente, dado el contexto de la guerra mundial primero, y de la guerra civil (y la terrible situación económica resultante de esta) que sacudió a la Rusia soviética después, es necesario decir que nunca en ningún país capitalista, por más avanzado que este sea, la mujer y el conjunto de los trabajadores conquistaron tantos derechos como los que alcanzaron durante los primeros años del gobierno soviético.

No obstante, los avances en la emancipación de la mujer, así como los del conjunto de nuestra clase, hombres y mujeres, está indisolublemente ligado a los avances y/o los retrocesos de la propia revolución. Y cuando esta comenzó a retroceder, la situación de la mujer siguió el mismo camino. Tras la muerte de Lenin y con el centro del poder en manos de Stalin, muchos de los derechos legalizados por la revolución se fueron perdiendo, y algunos fueron penalizados hasta con la cárcel. Por citar sólo algunos ejemplos, el Código Familiar instaurado por el estalinismo que usurpó del poder de los trabajadores, ilegalizó el aborto, ensalzó la familia y la maternidad al punto de que las tareas domésticas volvieron a ser responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, y hubo un retorno gradual y sostenido de la moral sexual burguesa.

La lucha de las mujeres en el mundo de hoy

Hoy, más de un siglo después de aquella extraordinaria revolución que homenajeamos, la explotación y la degradación de las mujeres obreras y trabajadoras, y con ellas las del conjunto de los hombres y las mujeres de nuestra clase, avanza conforme lo hace la podredumbre del sistema capitalista imperialista, que se lleva todo por delante en aras de las ganancias de ricos y poderosos.

No hace falta buscar demasiado. Ante nuestros ojos tenemos el genocidio en Palestina, la invasión a Ucrania, la masacre en Sudán, la violencia sexual en la India, el abuso policial en el Brasil y miles de hechos cotidianos que muestran, por un lado, la degradación del sistema capitalista y, por otro, la necesidad de la organización de los trabajadores para construir juntos, hombres y mujeres, una sociedad distinta, una sociedad socialista que haga posible que tengamos empleo, salud, educación y todos los derechos básicos y universales que este sistema capitalista nos quita cada día, arrastrándonos a la miseria y la barbarie.

En ese marco, las mujeres siguen siendo vanguardia heroica de combate y resistencia entre los trabajadores y los pueblos oprimidos por este sistema colonialista y sus verdugos, como lo fueron las mujeres kurdas frente al avance del Estado islámico o las mujeres indias ante las violaciones en servicios de transporte públicos, entre otros muchos casos. Y hoy son Gaza y el pueblo palestino y su causa el mejor ejemplo de lucha y de resistencia contra el imperialismo, sus secuaces y sus lacayos. Las mujeres palestinas son, una vez más, ejemplo de la lucha codo a codo con los hombres de su clase para sacarse en encima el yugo del sionismo y del imperialismo y recuperar sus tierras y su lugar en el mundo. La lucha por la reconquista de la Palestina histórica, que le ha sido usurpada a su pueblo desde 1948 en adelante, debe ser el faro que alumbre a los trabajadores del mundo para empezar a cambiar esta sociedad de explotación y opresión en que vivimos. Y, junto con ella, la lucha y la resistencia de las y los trabajadores ucranianos frente al invasor Putin, los levantamientos de la juventud en Nepal, en Madagascar, y en cada lugar del mundo donde los obreros, los pobres, los oprimidos y los jóvenes luchen contra el hambre, la desocupación, la miseria y la barbarie a que nos somete un sistema corrupto y decadente que no quiere ni puede ya dar ninguna solución, sino sólo seguir llenando sus bolsillos a costa de nuestra explotación.

Valga, en este nuevo aniversario de la revolución rusa, el ejemplo de sus mujeres en lucha, así como las luchas presentes en todo el mundo, para reencender el fuego que nuestra clase necesita para organizarnos y construir juntos esa nueva sociedad socialista que precisamos.

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