Un 19 de julio de 1924, un centenar de policías del Territorio Nacional del Chaco- apoyados por estancieros y aviones del ejército-, masacraban a cientos de nativos qom, moqoit y shinpi’; que protestaban contra las infames condiciones de explotación a la que eran sometidos en las plantaciones de algodón y los emprendimientos forestales de la región. Así, los tiros de Mauser, Winchester y armas de puño, además de los degüellos, desmembramientos y bombas incendiarias lanzadas desde aviones; eran la respuesta del estado y la patronal; al reclamo de mejoras laborales y salariales por parte de los originarios…
Con semejante crimen, el radical Fernando Centeno y su jefe Marcelo T. de Alvear (presidente radical de 1922 a 1928), intentaron no solo ahogar en sangre el grito nativo de justicia; sino garantizar que un puñado de estancieros y multinacionales británicas; pudieran seguir destruyendo el monte chaqueño y explotando a sus pobladores sin consecuencias. Y lograron ganar alguna décadas de impunidad; hasta que el reclamo de memoria, verdad y justicia se volvió imposible de obviar.
Así, 98 años después de los hechos, el estado nacional reconoció la Masacre de Napalpí como un crimen contra la humanidad; y el estado chaqueño pidió perdón por sus medios a los descendientes de quienes sobrevivieron a la matanza. Sin embargo, los herederos de las comunidades preexistentes al actual estado argentino siguen sufriendo prácticas genocidas y esclavistas de parte de los poderes económicos y políticos regionales, y la decadencia del capitalismo argentino, cada día más colonizado, solo tenderá a agravar esos males.
Para desandar ese camino de barbarie, para revertir los males sembrados por los que se adueñaron de la tierra mediante genocidios y sometieron y someten al país a la degradación del saqueo imperial; hace falta una revolución socialista que lleve al poder a la clase obrera y a los pueblo explotados y oprimidos. Solo así habrá justicia definitiva para las víctimas de la masacre de Napalpí, y de todos los crímenes contra el pueblo trabajador

