¿Un nuevo pacto Roca-Runciman?

Ante la publicación por parte de EEUU del acuerdo “macro” de libre comercio con nuestro país varios periodistas lo compararon atinadamente con el acuerdo firmado en 1933 entre Argentina y Gran Bretaña. ¿Qué fue el pacto Roca-Runciman? ¿Qué similitudes y diferencias hay entre ambos acuerdos?

El estatuto del coloniaje

Una vez conseguida la independencia del imperio español, la naciente burguesía criolla argentina puso a nuestro país bajo la dependencia económica del imperio británico. Al ser economías complementarias, pese al modelo agroexportador capitalista de principios del siglo XX, el país tuvo un importante crecimiento económico aunque distorsionado. Argentina le vendía a Gran Bretaña su producción agrícola-ganadera y ellos nos enviaban sus productos industriales. 

Pero en 1929 se produjo el crack de la bolsa de Nueva York que dio inicio a la Gran Depresión de los años ’30. El comercio mundial cayó un 60% entre 1929 y 1932 y todas las grandes potencias imperialistas impulsaron políticas proteccionistas para proteger sus mercados y recuperarse de la crisis. En ese contexto el imperialismo  británico impulsó en 1931 el Pacto de Ottawa con sus colonias y ex colonias, para blindar sus mercados contra las otras potencias imperialistas y garantizarse su saqueo exclusivo para recuperar su economía. Ese fue el modelo para el posterior acuerdo con Argentina. 

El 1º de mayo de 1933 se firmó el acuerdo entre Julio A. Roca (h) como Vicepresidente de Agustín P. Justo y Walter Runciman, Encargado de negocios de Gran Bretaña.  El acuerdo constaba de un protocolo y varias leyes complementarias posteriores que intelectuales radicales nacionalistas como Scalabrini Ortíz y Jauretche denominaron acertadamente como el “estatuto legal del coloniaje”.  

El pacto fue un negocio redondo para el imperialismo británico y sólo benefició a la burguesía ganadera argentina que pudo asegurarse una cuota de compra de carne por parte de Gran Bretaña, pero a cambio de condiciones leoninas para el país. Por empezar esa venta se debía realizar en un 80% a través de los frigoríficos extranjeros en el país (2 de los 3 más importantes ingleses), en perjuicio de los nacionales. Por otro lado, Inglaterra se garantizaba el control monopólico del transporte automotor de pasajeros de Buenos Aires, además del control de los ferrocarriles, los tranvías y el subte que ya tenía. Argentina se obligaba a la compra exclusiva a Inglaterra de carbón (principal recurso energético de la época para la producción y el transporte) y se eliminaban para este y más del 50% de otras importaciones inglesas los aranceles. Debía además contraer un empréstito en Londres en libras esterlinas para garantizar el pago de los productos, de los créditos con los bancos ingleses  y el envío de las ganancias de las empresas. También significó el alineamiento político internacional de acuerdo a los intereses ingleses. Esto se manifestó al comenzar la Segunda Guerra Mundial en la declaración de neutralidad de Argentina, instigada por Gran Bretaña, que así se garantizaba el transporte y abastecimiento de carnes y cereales amparados en esa neutralidad. 

Lo más importante es que a partir de ese acuerdo, Argentina pasó de ser un país dependiente económicamente del imperialismo británico a ser directamente una semicolonia de este. Es decir un país con independencia formal pero sometido por pactos económicos, políticos y militares que condicionaban su soberanía. 1

Esto se entronca con el surgimiento del peronismo. En 1943 Perón junto a otros oficiales lideró el golpe militar, impulsado por la burguesía ganadera de la provincia de Buenos Aires (ligada históricamente a los ingleses), para impedir el paso del país a la órbita del imperialismo yanqui como pretendía la mayor parte de los capitalistas argentinos. EEUU era el nuevo amo imperialista en ascenso que ya controlaba toda Latinoamérica y Gran Bretaña estaba en franca decadencia y eso motivó el viraje patronal. Perón comprendió que para resistir la tremenda presión de los yanquis y sus capitalistas aliados argentinos, la única fuerza social en la que podía apoyarse era la clase obrera. Pero fiel a su clase, también se apoyó en el imperialismo inglés y cuidó sus intereses. Por eso, por ejemplo, la nacionalización de los ferrocarriles de 1947 se hizo a instancias de los ingleses, que querían desprenderse de ellos porque ya no le eran rentables. Es decir, cambiaron maquinarias y materiales semiobsoletos, por parte de la enorme deuda con nuestro país por las importaciones agrícolas durante la guerra 2. Sin embargo es cierto también que esta combinación excepcional de un imperialismo inglés en retirada con la resistencia al avance del yanqui, permitió que nuestro país gozara por un corto lapso de una independencia relativa. 

Un salto en la recolonización

Del actual acuerdo con Trump sólo conocemos el trazo grueso, sus lineamientos centrales. Falta redactar la “letra chica” y que sea votado por ambos Congresos. Pero lo conocido basta para ver que de avanzar nos ataría a los intereses yanquis de manera similar a lo que fue el Roca-Runciman  con Gran Bretaña (ver Acuerdo bilateral: puntos clave de la subordinación sin disimulo). 

Este acuerdo también obedece a una política proteccionista, en este caso de Trump, que busca asegurar el control de nuestros recursos naturales y energéticos, y de  mercados para los productos y empresas yanquis en su disputa mundial con China.  Y por otro lado,  apunta también a amortiguar la decadencia de una potencia imperialista hegemónica, en este caso EEUU, redoblando brutalmente el saqueo al servicio de las ganancias de sus transnacionales y bancos.   

La principal diferencia es que nuestro país ya es desde el golpe gorila de 1955 una semicolonia del imperialismo yanqui, es decir este acuerdo no cambiaría el carácter del país. Por otra parte hoy el conjunto de la patronal nacional y sus fuerzas políticas, incluido el peronismo, están adaptados a esa dominación colonial y no la cuestionan. Se limitan a su papel de socios menores en el saqueo y la explotación del país y la clase trabajadora. 

Lo que sí significaría la aplicación del acuerdo es un salto en la dominación del país por parte del imperialismo yanqui, muy superior a los acuerdos con el FMI. La economía, la política y las relaciones internacionales del país serían un apéndice de los intereses de EEUU, incluso a costa de desastres medioambientales, la destrucción de sectores productivos enteros, de miles de puestos de trabajo y un salto en la superexplotación laboral. 

La única fuerza capaz de frenar esta catástrofe que se avecina es la movilización obrera y popular. Pero para eso es necesario que el movimiento obrero le pase por encima a las burocracias sindicales y piqueteras traidoras y su dirección peronista, y construya una nueva dirección revolucionaria y socialista. Desde VOS nos proponemos aportar humildemente a esa tarea. 

  1. En los banquetes para celebrar la firma del pacto se dijeron cosas como éstas: “La Argentina es, por interdependencia recíproca, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Reino Unido” (Julio Roca). Método de interpretación de la historia Argentina. Moreno, Nahuel, 1975.
    ↩︎
  2. Se le pagaron (en libras) U$S 600 millones a Inglaterra pese a que la concesión ya estaba vencida. Qué fue y qué es el peronismo, Cap. II. González, Ernesto, 1974. ↩︎

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