El 25 de noviembre de 1960 se produjo el asesinato de las hermanas Mirabal, ordenado por Rafael Leónidas Trujillo, por entonces dictador de la República Dominicana. En 1999, a raíz de este hecho, la Asamblea General de la ONU instituyó este día como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, a partir del primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que había tenido lugar en Bogotá, Colombia, en 1981.
Por: Marta Morales (25 de noviembre 2025)
“Las Mariposas”
Las hermanas Mirabal Reyes, conocidas como “Las Mariposas” (a partir de que Minerva firmaba así los mensajes y comunicados políticos), eran abiertas opositoras al régimen dictatorial de Trujillo y formaban parte de la agrupación política 14 de Junio, junto a sus esposos. Eran hijas de un hacendado que poseía una finca en Ojos de Agua, Salcedo, y que, como consecuencia de la llegada al poder del trujillismo, había perdido casi toda su fortuna.
Minerva Argentina y María Teresa fueron perseguidas y encarceladas, y sufrieron torturas y violaciones por parte del régimen. Por su parte, Patria Mercedes, que no tenía el mismo compromiso político, ayudaba a sus hermanas guardando en su casa el armamento de los que se insurreccionaban contra Trujillo. La otra hermana, Bélgica Adela, conocida como “Dedé” nunca se involucró directamente como sus hermanas y fue la única que sobrevivió al régimen. No obstante, mantuvo viva la memoria de sus hermanas hasta su muerte en 2014. A ella debemos el libro Vivas en su jardín, así como la Casa Museo Hermanas Mirabal, construida en la finca donde todas vivieron.
En mayo de 1960, “Las Mariposas” fueron juzgadas junto a sus esposos, acusados todos de atentar contra la seguridad del Estado. En agosto de ese año, ellas fueron puestas en libertad, aunque siguieron siendo perseguidas, hasta que el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) les tendió una emboscada cuando visitaban a sus esposos, y luego de torturarlas y golpearlas hasta la muerte, las arrojó a un precipicio simulando un accidente de auto en el que también perdió la vida su chofer, Rufino de la Cruz.
Este hecho produjo una ola de simpatía por la causa y la lucha de “Las Mariposas”, lo que para Trujillo significó el comienzo de su fin. Pocos meses después, en mayo de 1961, Trujillo fue asesinado.
En 1962 se realizó un juicio contra los involucrados y los cómplices del asesinato de las hermanas, en el que fueron condenados a 30 y 20 años de prisión, pero los grupos militares que quedaban del régimen trujillista les consiguieron pasaportes con los que los condenados finalmente abandonaron el país.
La “necesidad” de la ONU y la cuestión de clase
Entonces, a simple vista podría parecer que la ONU, al instaurar este Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, estuviera haciendo todo lo que de hecho está a su alcance para erradicarla. Pero no es así. Porque si bien cabe recordar y reivindicar la lucha democrática de las Hermanas Mirabal frente a una dictadura sangrienta como fue la dominicana, la ONU solo las escogió como un símbolo dada su procedencia de clase, y necesitaba hacerlo para mostrar que estaba a favor de los derechos “democráticos” de las mujeres y de la sociedad… y no hizo nada más.
Hoy, en todo el mundo, hay millones de mujeres trabajadoras, pobres, anónimas, que sufren todo tipo de violencias en sus vidas cotidianas, empezando por la explotación capitalista y agregando a ella el machismo, el racismo, la xenofobia y toda una serie de males que el propio capitalismo engendra, y de la cual la ONU es parte indiscutida. Si no, veamos, por solo citar un hecho, la posición de este organismo imperialista y su Consejo de Seguridad frente al acuerdo que se intenta firmar por Palestina. ¿De qué lado está la ONU? ¿Se niega al acuerdo que garantiza la ocupación de Gaza por fuerzas extranjeras dirigidas por Trump, o lo apoya y lo impulsa? ¿Las mujeres palestinas que luchan a diario contra el hambre, las bombas y la muerte provocadas por el Estado sionista de Israel no son parte de las mujeres violentadas que la ONU dice defender? ¿No son ellas, acaso, un símbolo de resistencia, de lucha de la clase obrera y de los oprimidos y explotados? Y así podríamos citar también la postura de la ONU frente a las mujeres obreras de la resistencia ucraniana contra el invasor Putin (que se abstiene en Palestina, pero arremete contra Ucrania); o a las sudanesas; o a las haitianas que soportaron la invasión de la Minustah, con su secuela de violaciones y su impunidad frente a ellas; o a las de los pueblos originarios latinoamericanos; y un largo etcétera que muestra claramente la naturaleza de clase de las Naciones Unidas.
Además, según la propia ONU, 140 mujeres son asesinadas por día, es decir, una cada 10 minutos. La UNICEF confirma que al menos 230 millones de mujeres en el mundo han sido sometidas a la mutilación genital femenina (MGF), y que 370 millones de mujeres vivas y niñas han sufrido violaciones o abusos sexuales, sin contar la violencia sexual sin contacto físico, es decir, el abuso verbal o en línea, con lo que esta cifra llega a 650 millones de mujeres y niñas.
Por su parte, un informe de la UNODC establece que entre 2019 y 2022 aumentó en 25% la cantidad de víctimas de trata de personas, entre las cuales mujeres y niñas representan 61%. A su vez, el trabajo forzoso creció 47%, y la violencia sexual digital tampoco para de crecer entre la juventud.
La brecha salarial entre hombres y mujeres arroja una desigualdad de más de 20%, lo que significa que en el capitalismo no hay posibilidad de igualdad de género, a pesar de todos los movimientos sociales para impulsar la conciencia internacional sobre este aspecto, como no lo hay tampoco en lo que respecta a la violencia contra negros y pobres (como en los casos de las periferias del Brasil).
En definitiva, ¿qué hace la ONU frente a estos problemas alarmantes y acuciantes que viven las mujeres anónimas en el mundo? Poco y nada. Elige símbolos, prepara discursos y arma narrativas de homenaje, pero no garantiza derechos ni protección ni políticas que las contemplen.
Entonces, no será de la mano de la ONU que conseguiremos erradicar los problemas que atañen a las mujeres de nuestra clase en su día a día, sino de la lucha de hombres y mujeres de la clase obrera, juntos, en el combate contra el sistema capitalista.
Para nosotros, esas mujeres anónimas son un verdadero símbolo de la lucha de la clase obrera y de los explotados y oprimidos por transformar esta sociedad, por construir otra nueva y diferente, libre de opresiones y sin explotación: la sociedad socialista que necesitamos. Esa es nuestra lucha.

