“El medio sólo puede ser justificado por el fin. Pero éste, a su vez, debe ser justificado. Desde el punto de vista del marxismo, que expresa los intereses históricos del proletariado, el fin está justificado si conduce al acrecentamiento del poder del hombre sobre la naturaleza y a la abolición del poder del hombre sobre el hombre.”
Trotsky, León. Su moral y la nuestra
Advertencia para el lector: La reseña, o esto que se construye, contiene spoilers. El director Paul Thomas Anderson, reconocido por Magnolia o la más reciente Licorice Pizza, fiel a su estilo, presenta en su último lanzamiento una visión absurda de dos construcciones morales antagónicas. Por un lado un andamiaje supremacista, neo?fascista, representado en la figura del Coronel Steven J. Lockjaw (Sean Penn), en el que podríamos imaginar comprendidos a Donald Trump, o a su perro faldero Milei, como parte del club de adoradores de la navidad. Un simbolismo que nos traslada a los mitos urbanos: ¿Es Papá Noel un invento del imperialismo? Por otro lado, su antagonista, Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor), una especie de Pantera Negra Guevarista, con aires setentosos, envueltos en un no-tiempo. (Porque ¿en qué momento lejano de la historia no había celulares?). Perfidia está completamente convencida, parada sobre sus ideales, la Revolución.
Anderson no espera para ir al nudo. Transcurren rápido los conflictos morales en la redada planificada por los French 75, el grupo militante foquista liderado por Perfidia y Ghetto Pat/Bob Ferguson (Leonardo Dicaprio). Es una táctica para liberar migrantes ilegales. Allí la figura de Perfidia arremete como un tsunami. Entonces sucede la primera tensión entre el Coronel y ella. Perfidia se impone mediante la violencia, lo somete, crece la rigidez en la barrera moral. Los extremos no se pueden juntar. Esa tensión ella la traslada a Pat, lo estampa de un beso en el auto mientras escapan habiendo liberado los rehenes del estado fascista. El Coronel empieza a seguirla, se masturba espiándola como un fruto prohibido. Las morales contrarias abren el nudo del film. Es un fetiche desde una y otra visión. Lo negado, lo transgresor y lo que finalmente abre dos caminos que se bifurcan. La amenaza, el chantaje del Coronel en el baño, la moneda de cambio y el secreto, en el vientre, para preservar lo instituido.
La hija representa un vicio pequeñoburgués para Perfidia. La incompatibilidad para su destino en el que la revolución depende de forma unipersonal de sus decisiones. Willa (Chase Infiniti) es un peso que la ata contra su destino de mujer revolucionaria. La decisión final es familia vs. revolución, y en su balanza, pesa más el mundo a transformar. Ella es la vanguardia. Para el Coronel, la posible hija como amenaza de suciedad y de exclusión, la sangre sucia muggle, la mancha en el expediente para poder ingresar al club de los burgueses supremacistas, adoradores de villancicos.
La sociedad está dividida en clases, cada clase tiene su moral que reproduce, defiende y retroalimenta de manera dialéctica. De allí el enfrentamiento inevitable, en la lucha de clases, para imponer una moral o la otra. Todo lo que mantenga el estado de las clases, dentro del capitalismo, va a ser impuesto por la burguesía, los crímenes son juzgados por sus jueces, sus tribunales, por ello los French 75 viven “fuera de la ley”. Este grupo persigue la revolución, intenta imponer sus fines con actos de boicot, terroristas, en el marco de una sociedad profundamente desigual: “Está permitido -responderemos- todo lo que conduce realmente a la liberación de la humanidad”, dice Trotsky.
El amor aparece como un río que lo atraviesa todo, un río subterráneo. ¿Alcanza el amor de Bob para Perfidia?, ¿se transforma en sometimiento? Es la calma que antecede al huracán, dicen Los Decadentes.
De repente no puedo respirar
Necesito un poco de libertad
Que te alejes por un tiempo de mi lado
Que me dejes en paz
Siempre fue mi manera de ser
No me trates de comprender
No hay nada que se pueda hacer
Soy un poco paranoico, lo siento
Ante la alteración, el error, el pecado capital de la falta moral de acostarse con el enemigo, surge el exabrupto de la protagonista. Devienen la persecución y la cárcel de la justicia burguesa. Y ahí emerge la retaguardia, en la figura de los compañeros del French 75, en la familia, en los cuidados para Ghetto y Willa. Es lo que en lenguaje militar se conoce como el lugar más alejado del enemigo. En las persecuciones, los resguardos, los cuidados, las contraseñas que el intoxicado Bob no recuerda son los amparos de los revolucionarios en tiempos violentos. El sensei (Benicio Del Toro) aparece como el aliado inesperado, los viejos amigos del French 75 que responden de manera principista, son las casas seguras de los 70 durante la Dictadura, son Prinkipo y Coyoacán. Cuando la vanguardia va al frente la retaguardia le cuida la espalda, los hijos, los amigos, la familia, las conexiones karatekas, la unión de las causas por una causa y la liberación de la humanidad, de forma concreta en los pasadizos secretos de una iglesia latina. Son otros héroes, los colectivos, como en el Eternauta, los que acuden, sea en patineta, camioneta o comerciantes que responden de forma confusa a los milicos para que pisen pistas falsas. La familia que se construye, salva.
La tradición se vislumbra como la transmisión de valores morales, una cultura aprendida en la clandestinidad de la vida de Bob y Willa. La enseñanza de padre a hija en tiempos de calma era ciencia ficción, pura paranoia innecesaria, recuerdos de Vietnam de un tiempo en dónde la revolución “era posible”. La experiencia pega un salto en la conciencia de Willa. El enemigo está ahí, es su padre Lockjaw supremacista y los cuidados de su padre adoptivo Bob no eran paranoia. Entonces se abre otro arco moral, la legítima defensa. Porque la vida y la causa son más importantes en la superestructura. Hay por un lado, crímenes cometidos desde el estado supremacista y son legítima defensa lo hecho por el sensei, las monjas, Bob y Willa. Así como son crímenes de estado los cometidos por la última Dictadura Militar y los actos de defensa no pueden ser juzgados con la misma balanza. Los trabajadores pueden defenderse de la represión usando todo lo que tengan a mano. Miguelitos, piquetes, piedras, fuegos de artificio. TODO lo que tengan a mano. Porque el que tiene los fusiles es el estado.
Existe una moral pequeño burguesa en el French 75, en Perfidia Beverly Hills. La glorificación de acciones despegadas del movimiento obrero, acciones ejemplificadoras, heroicas y en un punto justas. ¿Qué es sino liberar rehenes latinos de la mano del imperio? La diferencia es que el pequeñoburgués se sentirá atado dentro de una estructura de clase, dentro de la democracia proletaria en el que una mayoría proletaria se imponga, la acusará de burocratismo y sus ideales morales intentará imponerlos por todos los medios. Y la salvación individual aparece como posibilidad ante la amenaza externa. En la moral socialista revolucionaria, la salvación del colectivo, del partido, del camarada, está por encima de nuestra vida. Ahí radica la diferencia entre querer imponer y querer ganar a una mayoría, para que tome las riendas de su destino.
La conciencia revolucionaria viene desde fuera. La construcción moral de la tradición impartida por Ghetto Pat cobra sentido cuando es puesta a prueba, experiencia y tradición se encuentran en la acción,como piezas que se acomodan en un tablero de ajedrez. Tenemos el movimiento en nuestra mano, queda en nosotros el jaque mate, para hacer todo lo que lleve a la liberación de la humanidad.

