La noticia de la muerte del Indio Solari provocó una conmoción masiva tan sorprendente como obvia: sus canciones fueron una presencia permanente en la cotidianidad colectiva de los sectores populares de nuestro país. Desde Voz Obrera Socialista nos sumamos a este luto masivo, por identificarnos con esos mismos sectores, que se vieron reflejados en el arte imperecedero que el Indio nos dejó.
Y el cómo llegó Carlos Alberto Solari a reflejar a esos sectores en sus letras, no es algo que se explique con sus datos biográficos. Su nacimiento en Paraná, un 17 de enero de 1949, su infancia y adolescencia como estudiante revoltoso, su relación con Virginia Mones Ruiz, y demás información que está al alcance de todos; no permite entender el duelo colectivo.
Tampoco recordar que forjó su trayectoria a partir de una banda salida del más profundo “under”, un grupo más teatral que musical; que se introdujo en el negocio musical sin promoción ni mecenazgo, haciendo sus propias reglas y manteniéndose independiente de las compañías discográficas y los organizadores de festivales. Esos datos no ayudan a comprender como una figura ajena a todos los clichés rockeros de la época (groupies, excesos, escándalos) se pudo transformar sin la menor ayuda mediática; en alguien digno de ser llorado por todo un país.
“Fijate de qué lado de la mecha te encontrás”
Y es que sencillamente, el Indio forjó su leyenda haciendo que sus letras crípticas y el sonido inclasificable que la acompañaban; reflejaran los sentimientos de lo que en los ’80 y ’90 fueron la juventud explotada y oprimida, víctima del saqueo neoliberal y sus miserias frente a los que el Indio jamás fue neutral ni indiferente.
Así se ganó el corazón de esos sectores, llevando a que su arte fuera poblando las banderas de las canchas, los grafitis callejeros; su música volviéndose parte del paisaje de los barrios populares.
“Banderas en tu corazón”
Y viéndose reflejados en esas letras, esas canciones; esos sectores transformaron ese arte en un amuleto de su resistencia, particularmente durante la oscura noche menemista.
Por eso, las creaciones del Indio acompañaron la lucha de quienes ponían el cuerpo para recuperar el país; de quienes enfrentaban la entrega, la corrupción y la represión. Frases, tipografías, imágenes, volcadas en banderas, pancartas, panfletos, en nombres de agrupaciones, en remeras agujereadas por las balas neoliberales; fueron la iconografía de la juventud de un pueblo que no se rindió, que plantó batalla y dio su sangre hasta doblar el brazo de quienes pretendían ahogarlo en el hambre.
“Este asunto está ahora y para siempre en tus manos”
Desde ese punto fue que la figura del Indio creció hasta transformarse en leyenda; atrayendo multitudes mucho más allá de este sector sobre el cual forjó su trayectoria.
Sin embargo, Solari no abjuró de esas raíces. Se le pueden discutir ciertos posicionamientos y actitudes, se le pueden criticar ciertas decisiones que tuvieron resultados trágicos, se puede debatir su devenir político. Pero no se le puede negar coherencia. Nadie le pudo decir que se vendió.
Generaciones enteras crecimos con sus canciones como puntos cardinales. Y aunque el deterioro de su salud por el Mal de Parkinson y su alejamiento de los escenarios anunciaban el final; no estábamos ni estamos preparados para esta noticia.
Hoy el mundo es un lugar más desconocido. Más aún en estos tiempos de incertidumbre. Pero el legado que nos deja el Indio, sembrado en esos trapos mal pintados, grafitis perdidos y recitales multitudinarios; siempre terminará floreciendo en nuestras luchas. Los vencedores han resultado vencidos más de una vez en la Historia; y en adelante tampoco habrán excepciones. La oscuridad de la noche siempre anunciará que se viene el día de nuestros corazones.
En este día y cada día, desde el corazón de esas masas a las que el Indio les dio su arte; haremos que esté más presente que nunca. Como cantara en Yo Caníbal, cuando el fuego crezca su arte estará allí.
Por lo pronto, solo nos queda darle las gracias por todo esto.

