¿Quién (y cómo) puede echar a los ingleses de las Malvinas?

El jueves 3 de septiembre, Milei anunció un “endurecimiento” en la postura del oficial en el reclamo por Malvinas; al compás de la amenaza de Trump de revisar la postura de EE.UU. sobre la usurpación británica. El tal “endurecimiento”, solo consiste medidas para sancionar a las empresas que operan en las islas directa o indirectamente, el anuncio del emplazamiento de una base naval en Tierra del Fuego; y promesas de rearme; pero plantea un debate más serio: ¿cómo recuperaremos las Malvinas?

De inmediato, la denuncia de la hipocresía libertaria se hizo escuchar. La causa de semejante conversión de fan de la Thatcher en “malvinero” se explicó con varias hipótesis. Hechos más o menos reales, que hasta medios oficialistas como TN o Infobae lo admiten; y deben denunciarse: el creciente malestar popular (que obligó a retroceder al gobierno con la reforma de la Ley de Tierras), la voluntad de ayudar a Trump en su extorsión al Reino Unido, o incluso que todo es una simple maniobra para entregarle Tierra del Fuego a la Casa Blanca. 

De hecho, cabe creer que las sanciones son una promesa hueca, desde el punto en que se sabe que muchas de las empresas beneficiadas por el RIGI y el super-RIGI deberían ser sancionadas; y que hasta el propio Eduardo Elsztain (uno de los empresarios más cercanos a Milei) tiene fuertes inversiones en las islas. Aun así, el intento de sostener la pose sigue adelante en el Congreso; a través del intento de modificar la Ley Solanas (impulsada por Pino Solanas en 2011, que dio marco legislativo a las sanciones).  

Lo mismo puede decirse de las promesas poco serias de adquisición de material bélico, o a los anuncios sospechosos como la proyectada creación de un consejo de seguridad nacional que podría habilitar persecuciones y represión interna a opositores. Más grave aún es el uso de la cuestión Malvinas para aumentar la alineación sumisa a la Casa Blanca; prestando los intereses de nuestro país como herramientas del chantaje trumpista, y cediendo soberanía (como lo demuestran las maniobras militares yanquis en Tierra del Fuego)

Todo este show libertario no merecería mayor análisis, si no fuera porque sirve para poner el foco en dos preguntas claves: ¿Por qué tenemos que recuperar las Malvinas, y cómo hacemos para recuperarlas?

Sin Malvinas nunca seremos libres

La causa Malvinas es mucho más que una cuestión de soberanía. Nuestras islas no solo son el último territorio argentino que permanece bajo el dominio abierto y formal de una potencia colonial, que depreda nuestros recursos e intenta asegurarse el control de zonas estratégicas como los pasos interoceánicos de Magallanes y Drake. 

Además de todo esto, hay algo aún más grave: la usurpación de Malvinas, le sirvió y le sirve a Gran Bretaña (y a EE.UU.) de base para amenazar a todo Sudamérica, y asegurarse su sumisión: desde un principio, ocupación británica tuvo una faceta marcadamente militar, para resguardar los intereses británicos en Argentina, Sudamérica y todo el Atlántico Sur.

Después de 1982, el desafío al orden imperial que significó la recuperación de las Islas; llevó a que la presencia militar se incrementara y recrudeciera. Así, en Monte Agradable se emplazó una base militar operada por la Royal Air Force (fuerza aérea británica); operada por entre mil y dos mil efectivos permanentes, que puede ampliar hasta diez veces su tamaño, y cuenta con pistas de dos kilómetros, desde las cuales pueden despegar bombarderos que atacarían cualquier punto de nuestro país. Esta base, además, cuenta con su instalación naval en Puerto Yegua; habilitado incluso para abastecer a submarinos nucleares.  

En ese sentido, la ocupación hace de nuestras islas un “portaaviones de tierra” como lo es el estado de Israel en medio oriente; con los mismos fines de agresión, y siendo igual de ilegítima: el mismo método que el imperialismo británico y yanqui han utilizado alrededor del mundo (como en el archipiélago de las Chagos, en el Océano Índico). 

Así, el sometimiento de nuestro país y la ocupación de nuestras islas van de la mano; y aseguran la explotación y opresión que sufrimos la clase obrera y el pueblo trabajador, y de las cuales la clase dominante es cómplice y socia menor. Por eso, no debería sorprender la tibieza y la hipocresía de sus gobiernos ante la cuestión Malvinas.

Diplomacia y sumisión patronal: el legado de la desmalvinización

Antes y después de 1982, los diferentes gobiernos argentinos se limitaron a reclamar la devolución de las islas por la estéril vía diplomática: por mucho que se haya difundido la mentira de los avances diplomáticos previos a la guerra; la realidad es que el Reino Unido jamás tuvo la intención de devolverlas, y los inquilinos de la Rosada tampoco se preocuparon seriamente por recuperarlas. Y eso incluye a la operación militar del 2 de abril de 1982, ya que los milicos sólo desplegaron fuerzas con la intención de forzar las negociaciones; para ver si se salvaban de la furia popular creciente contra la dictadura.

La derrota bélica dio lugar a que la clase dominante y sus gobiernos propalen un derrotismo conocido como “desmalvinización”; tratando de convencer a la sociedad que haber enfrentado al imperialismo fue un pecado gravísimo, que los héroes de Malvinas fueron simples víctimas a los que había que tratar como si estuvieran enfermos; y que la Argentina debía limitarse a caerle bien a las potencias para mendigar sus propias islas. Una política que se mantuvo desde 1982 hasta la fecha, aún con los matices “nac & pop” del kircherismo

Se instaló en el imaginario colectivo el ícono del colimba débil y abandonado en un “pozo de zorro” frente a la omnipotencia militar inglesa; como símbolo de la imposibilidad de hacerle frente al imperialismo (diluyendo de paso la responsabilidad de los mandos militares argentinos). Pero la realidad fue otra. 

Pese a lo que cuenten las mentiras desmalvinizadoras, la Argentina pudo haberle doblado el brazo al imperio británico y a la OTAN en 1982. No solo compensando la relación de fuerzas mediante el uso de elementos aeronavales como los misiles Exocet, golpeando económicamente al imperialismo con la confiscación sus empresas, la suspensión del pago de la deuda externa, etc.; sino principalmente montándose en la enorme movilización de solidaridad internacional con la Argentina ante la guerra, que amenazó con cercar a la Thatcher. De haberse andado ese camino Malvinas se hubiera transformado en el Vietnam de Londres. 

Por eso, hay que reivindicar a la Guerra de Malvinas como una guerra que se podría haber ganado. Una causa justa traicionada por milicos genocidas con su pueblo y cobardes frente al imperialismo; y sobre todo una fuente de enseñanzas.

Cómo recuperar las Malvinas

Ante la incapacidad de la clase dominante de enfrentar al imperialismo para recuperar nuestras islas, solo podemos recurrir a la movilización obrera y popular para echar a los ingleses de Malvinas. 

Se puede empezar ahora mismo, escrachando, paralizando y ocupando las empresas que tengan inversiones en Malvinas, las propiedades de inversores de la ocupación como Elsztain; y presionando a las representaciones del imperialismo y sus aliados en nuestro país. Del mismo modo, hay que apoyar la lucha de los trabajadores fueguinos; base para sostener la soberanía argentina en el extremo sur del continente. 

Asimismo, no podemos contentarnos con denunciar la hipocresía del gobierno: hay que exponer su hipocresía exigiendo la repatriación del oro despachado a Londres (por mucho que Caputo y Bausili juren que está en otro lado), el fin del RIGI y el super RIGI, reclamándole que haga efectiva las sanciones a las empresas y empresarios socios de los ocupantes, incluyendo la expropiación de sus propiedades.

Pero para recuperar las islas hay que ir a contramano del rumbo de Milei. Hay que empezar por recuperar las miles de “Malvinas” que tenemos incrustadas en territorio continental: empresas como PAE y la Anglo Gold, Shell, Chevron, etc; que se llevan nuestro petróleo y minerales. También las multinacionales yanquis y europeas que controlan nuestra producción agroindustrial; y nuestros puertos sobre el Paraná como Cargill, Dreyfus, las automotrices, químicas, etc. 

Del mismo modo; hay que dejar de pagar la ilegítima y fraudulenta deuda externa, que amputa nuestra soberanía, y con la que nos saquean y financian sus presupuestos militares los países imperialistas. No solo hay que romper con el FMI, sino también con la OEA; y todos los acuerdos militares y comerciales de sometimiento a EEUU firmados por Milei y otros gobiernos: desde el TIAR hasta el “Escudo de las Américas”.

Y hay que blindar cualquier operación civil o militar de recuperación, oponiéndole a las enormes fuerzas militares del imperialismo; una enorme y poderosa movilización de solidaridad latinoamericana e internacional encabezada por la clase obrera; que cerque y paralice a la potencia opresora que nos invade; llevando nuestra lucha a las calles de Londres y Washington, apelando también a la solidaridad y movilización de la clase obrera británica y norteamericana.

Y sí: solo un gobierno obrero y popular puede garantizar que todo esto sea posible. Y no solamente tomando los miles de millones de dólares que hoy nos roban las transnacionales y capitales financieros imperialistas; para invertir en ciencia, tecnología y armamento, y revertir décadas de desarme, sino impulsando la movilización obrera y popular nacional e internacional. 

Malvinas y la dirigencia que necesitamos 

Este camino de llevar la movilización por las Malvinas hasta las últimas consecuencias, de organizarse para enfrentar a los capitales imperialistas en nuestro territorio hasta imponer un gobierno obrero y popular que expulse al imperialismo de nuestro territorio y concrete la segunda y definitiva independencia; solo puede ser conducido por una organización política diferente.

Un partido que barra de nuestras organizaciones a los agentes de la patronal y el imperialismo, para ponerlas al servicio de la lucha. Un partido que reúna a los luchadores más decididos en torno a un programa socialista y revolucionario. Un partido de combate, de acción directa, ajeno al confort parlamentario y a las especulaciones electorales. Un partido internacionalista, que forma parte de una organización que agrupe a luchadores y luchadoras de varios países. Desde VOS  y la CORI-CI estamos al servicio de la tarea de construir ese partido, esa nueva dirigencia que necesita la clase obrera y el pueblo trabajador.

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