El FITU, las encuestas y las perspectivas de la izquierda

Impactados con las encuestas de intención de voto e imagen pública de Myriam Bregman, los partidos que integran el Frente de Izquierda y los Trabajadores – Unidad; se alejan cada vez más de las propuestas revolucionarias que dicen defender. Una dinámica peligrosa, en tiempos en que es cada vez más necesaria un alternativa política y sindical de ruptura no solo con Milei y su plan, sino con toda la clase dominante y su orden capitalista. 

En el marco del agotamiento de los planes de Milei, los sectores de poder ya comenzaron a abrir el juego electoral a pesar de que falte mucho para 2027. La jugada es clara: quieren sembrar esperanzas en elegir un nuevo (y mejor) gobierno, para evitar que la bronca se acumule en los sectores cada vez más desfavorecidos.

Pero el problema para esos sectores es que al declive de Milei (que arrastra a toda la derecha), aún no consiguen oponer un reagrupamiento de peronistas y afines, que por el contrario están cada vez más divididos. El tiempo va pasando, y de la danza de candidatos no surge ninguno. Y en ese desconcierto y al aparecer como el único sector opositor en todo momento al Gobierno, la izquierda se fortalece en encuestas y en  la “opinión pública”.

Que una franja de trabajadores/as y sectores medios vea con simpatía las posiciones de la izquierda es sin duda un fenómeno progresivo y expresa de alguna manera la búsqueda de una alternativa anticapitalista a los partidos patronales. Desde la perspectiva de un partido revolucionario,  este es un dato importante de la realidad y una oportunidad para ampliar la difusión del programa revolucionario en sectores más amplios y construirse. Pero en el caso del FITU y sus organizaciones esto viene dando lugar a una fascinación cada vez más grande, por las elecciones y la acción parlamentaria. 

Así, en los actos del 1º de mayo, los partidos del FITU mostraron hasta qué punto la obsesión electoral que padecen, tiene consecuencias políticas e ideológicas. En ese sentido, no solo ambos actos giraron en torno a los candidatos y figuras de los partidos; sino que el contenido de sus discursos apuntó, en todos los casos,  a… fortalecer al mismo frente electoral. 

En Plaza de Mayo, Solano (PO) cerró su discurso llamando a realizar una “asamblea nacional del FITU”. Bodart (MST), afirmó que “por primera vez en cien años la izquierda tiene una oportunidad histórica”, refiriéndose a los datos arrojados por las encuestas y propuso convertir el FITU en un “partido con distintas tendencias internas” (al estilo del PSOL brasileño o el NPA  de Francia, partidos cuyo único fin es lo electoral). Giordano (IS), repitió el concepto de la oportunidad; aunque mencionando el objetivo de imponer un “gobierno de trabajadores”… sin decir cómo se impondría ni en qué consistiría tal gobierno. 

Por su parte, en su discurso en el acto en el microestadio de Ferro, Myriam Bregman llamó a seguir “movilizándose y haciendo reuniones” para crear- a partir del FITU y de su propia candidatura- un “nuevo movimiento histórico”, concepto que volvió a repetir en algunas entrevistas. Movimiento también montado alrededor de la perspectiva electoral.

¿Qué quieren hacer los partidos del FITU realmente?

Si a todo esto le sumamos las entrevistas en las que figuras del PTS como Christian Castillo respecto de que para que el FITU gobierne tiene que hacerse más fuerte, o las de Bregman contraponiendo equivocadamente el Argentinazo revolucionario del 2001 a “las luchas organizadas de los trabajadores/as” (en “Buenas tarde China” 6/5/26 el streaming de Jairo Stracchia), o bien planteando que el “cambio revolucionario de raíz” que proponen es lograr “un sistema mucho más democrático” y una “asamblea constituyente libre y soberana” (en “GPS” de Rolando Graña 10/5/26); el mensaje que dan es como mínimo poco claro. 

Es cierto que en esas entrevistas Bregman habla también de luchar ahora sin esperar a las elecciones, de la necesidad de la huelga general para derrotar el plan de Milei y plantea medidas correctas como romper con el FMI o estatizar el comercio exterior, por ejemplo. El problema es que escuchando estos discursos, un trabajador, estudiante o activista sin militancia, que sienta simpatías de algún tipo por la izquierda, entenderá que la salida de fondo a los males que vive pasa por que el FITU gane las elecciones, obtenga la mayoría en Diputados y el Senado, convoque a una asamblea constituyente, y a partir de ahí cambie “lo que está mal” en el país (que tampoco queda tan claro qué es en los discursos y entrevistas mencionadas). Para esos simpatizantes del FITU, la honestidad y coherencia de Bregman y otras y otros legisladores; es garantía suficiente. 

Pero la realidad es otra; y el deber de los revolucionarios es decirla sin vueltas: Milei no es la causa sino el síntoma de los males que sufrimos. La raíz del problema no es tal o cual gobierno, sino la clase social que concentra el poder político y económico; explotándonos y saqueando el país como socia menor y subordinada de las potencias imperialistas. Esa clase social, la burguesía, es tan dueña de las fábricas, yacimientos, campos, etc.; como lo es del estado, sus instituciones y su constitución.

De ese modo, no se puede usar las instituciones que esa clase usa para ejercer su poder; para despojarla de ese mismo poder: los que lo intentaron (como Allende en Chile), terminaron muy mal. Para terminar con la explotación, la opresión y el saqueo al que nos someten la burguesía y el imperialismo; la clase obrera debe derrocar ese estado, e imponer el gobierno de sus propias organizaciones. 

Un gobierno que, desde nuestro punto de vista, debe arrancar por suspender el pago de toda la deuda externa, estatizar bajo control obrero a las empresas que fueron privatizadas (así como a las de servicios públicos), los recursos energéticos, las grandes cerealeras y pulpos nacionales y multinacionales, nacionalizar todo el sistema financiero y el comercio exterior, imponer un salario mínimo igual a la canasta familiar ajustable por inflación, reducir la jornada laboral a 6 hs sin reducción salarial, confiscar las grandes fortunas y propiedades de corruptos y coimeros, etc. Es decir, hacer una revolución obrera y socialista; que alcance además, una segunda y definitiva independencia. Dos conceptos que brillan por su ausencia en las declaraciones de las figuras de los partidos del FITU, teniendo la oportunidad de proponérsela a una franja más amplia de lo habitual, que los está mirando.

Tareas electorales vs tareas de lucha

Para lograr todo esto, desde VOS creemos que hay dos tipos de tareas organizativas por delante. Por un lado, las que apuntan a movilizar, unir y coordinar a todos los que crean que hay que enfrentar y derrotar al saqueo libertario. Por otro, agrupar a quienes, entre todo este sector, vean que hay ir más allá; y junto a ellos forjar un programa que articule una organización revolucionaria, que sirva como la alternativa que barra de nuestras organizaciones a la actual dirigencia política, sindical y social que mantiene una tregua con Milei y sostiene al capitalismo colonial.

Pero lamentablemente, todo el accionar del FITU indica que va en un sentido contrario: disolver sus partidos (que supuestamente eran los embriones de esa alternativa revolucionaria), en organizaciones amplias que solo sirvan para hacer campaña por el voto al FITU; aún cuando se involucren en tal o cual conflicto obrero o popular. Esto, que nos parece terriblemente equivocado de cara a la actualidad y a la experiencia histórica, parece ser el rumbo que va tomando el FITU, a juzgar por los discursos y declaraciones de sus dirigentes. 

Más allá de las críticas que siempre le hicimos a la importancia que le daban a las elecciones, y al hecho de que en lugar de usar sus bancas para exhibir y denunciar la estafa de la democracia de los patrones, las usaron para sembrar expectativas en el Congreso; creemos que esta vez el FITU está yendo aún más lejos.

¿Partido para la lucha parlamentaria o para la lucha revolucionaria?

Atrapados en ese círculo vicioso, los partidos del FITU alimentan dinámicas que los llevan a adaptarse cada vez más a las reglas de la democracia de los ricos. Aún siguen siendo partidos de la clase obrera, aún siguen siendo independientes de cualquier sector patronal. Pero a pesar de que siguen reivindicando a Marx, Lenin y Trotsky (e incluso a Nahuel Moreno, en el caso del MST e IS); no actúan como organizaciones revolucionarias.

Desde Voz Obrera Socialista creemos que la construcción del partido que necesita la clase obrera para organizar la revolución, se construirá con la confluencia de diferentes corrientes. Pero que partidos que se presentan como revolucionarios, dediquen la mayor parte de sus fuerzas a la acción electoral y parlamentaria, sin dejar de reivindicarse “leninistas” y “trotskistas”; sólo aporta confusión a las filas de los luchadores obreros, juveniles y populares que empiezan a ver en la izquierda una alternativa a la traición del peronismo y las burocracias sindicales y piqueteras. Y que quieren acabar de una vez por todas con los interminables ajustes capitalistas y el saqueo del país por el imperialismo. Objetivos que no se conseguirán por la acción parlamentaria sino impulsando desde la clase obrera organismos de lucha democráticos que puedan movilizar al conjunto de los trabajadores y derrotar la represión patronal y estatal. Organizaciones que puedan reemplazar a las podridas instituciones de esta falsa democracia capitalista con sus corruptos gobiernos, parlamentos y justicia al servicio de los empresarios y gobernar al servicio del pueblo trabajador. El programa y la organización del partido revolucionario que necesitamos construir debe estar al servicio de construir la nueva dirección que el movimiento obrero necesita para triunfar en estas tareas. 

Por esa razón, más allá de llamar a votar críticamente por el FITU, como hemos hecho,  cuando hay elecciones, no vemos en este ni en los partidos que lo componen la alternativa revolucionaria que necesitamos. A los militantes de esos partidos, con quien compartimos espacios cotidianos de lucha; los llamamos a reflexionar y debatir sobre el rumbo que vienen tomando sus organizaciones. 

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