El último 1ro de mayo se realizó una reunión plenaria de delegadas y delegados del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), que reúne a sindicatos “opositores” a la conducción de la CGT, como la UOM y la Fraternidad entre otros, Aceiteros, ATE, AGTSYP (subte),gremios de la CTA A, dirigida por Abel Furlán, dirigente de la UOM.
En dicha reunión fue discutido, aprobado, y luego presentado el programa del FreSU. O lo que es lo mismo, la alternativa que presenta el frente contra el plan de Milei. No deja de ser algo positivo que desde las organizaciones de los trabajadores se planteen programas que superen los límites de las demandas sindicales. Habría que preguntarse, en primer lugar, como se plantean luchar por la aplicación de estas demandas si, en conjunto con el programa, no plantearon ninguna medida de lucha. Pero tan solo esa es la primera de las limitaciones que tiene.
Un programa que no está a la altura de su historia
El texto comienza reivindicándose a sí mismo como continuidad histórica de los programas de la CGT de La Falda (1957), Huerta Grande (1962) y del 1ro de Mayo de 1968. Todos elaborados durante el período conocido como “la resistencia peronista”.
Si bien estos programas tenían sus limitaciones (que se abordarán más adelante en este mismo artículo), planteaban medidas de fondo para garantizar la soberanía económica y el bienestar del pueblo trabajador.
Propusieron, por ejemplo, desconocer los compromisos financieros externos (o sea la deuda) para lograr así la soberanía económica y política. Nacionalizar la banca para controlar el crédito y combatir la especulación. La expropiación de los latifundios y la nacionalización de todas las ramas estratégicas de la economía, junto al control obrero de la producción y el control estatal del comercio exterior, para garantizar que la economía esté al servicio del pueblo y no de la ganancia empresarial.
El programa del FreSU contiene toda una serie de reivindicaciones correctas, desde una concepción del salario mínimo, vital y móvil (que asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte, esparcimiento, vacaciones y previsión), pleno empleo, acceso a la educación, a la salud y a la vivienda, igualdad de derechos para las mujeres trabajadoras. El problema es que no plantea como llevarlas adelante.
Se puede proponer “alquileres justos” (aunque habría que definir qué quiere decir “justo”) pero ¿cómo se garantiza? ¿A través de la expropiación de la vivienda ociosa? ¿Por medio de un plan de obras públicas que construya viviendas accesibles y de calidad? Esa misma lógica se puede aplicar a casi todas las reivindicaciones del programa.
También ignora el problema del medio ambiente. El FRESU no plantea ninguna medida para resguardar a la naturaleza de la depredación del imperialismo y sus aliados. Ni una sola. Al contrario, se menciona el tema (“energía, minería, alimentos y logística al servicio del desarrollo nacional”) de una manera que podría entenderse como un aval al extractivismo: ¿“desarrollo nacional” sería tener empresas “nacionales” destruyendo provincias enteras para vender materia prima? ¿Sería industrializar el país usando esos recursos extraídos de una forma “rentable” en criterios capitalistas (haciendo que otros asuman el pasivo ambiental)? Las luchas populares en diferentes puntos del país, hablan mucho sobre este tema; y no se puede elaborar un programa superador de la postración colonial que sufrimos, sin darle respuesta.
Las limitaciones del peronismo se hacen más profundas para el FreSU
Los programas antes mencionados, al mismo tiempo que eran muy avanzados en muchos de sus planteos, tenían una gran limitación: ¿Quién iba a llevarlos adelante?
El peronismo ha planteado históricamente la unidad de los trabajadores con la burguesía nacional, es decir los empresarios nacionales, para lograr la soberanía política y económica.
Es verdad que las multinacionales ahogan a las empresas nacionales. Como también es verdad que ellas, por más pequeñas que sean se benefician de la explotación del pueblo trabajador. Basta con hacerse una simple pregunta: si se intenta derogar la reforma laboral, avanzar en medidas contra la precarización y demás ¿De qué lado estarán los empresarios nacionales?
Lamentablemente la historia (y no solamente la de nuestro país) demuestra que en el momento de elegir, prefieren sostener sus negocios con el imperialismo, por más perjudicados que se vean, antes que la organización (que en muchos casos implica también el armamento) de los trabajadores, que amenaza directamente sus ganancias. Esto no quiere decir que eventualmente no puedan oponerse a tal o cual medida que los perjudique (porque las clases sociales y los distintos sectores de estas clases no suelen dejar de luchar por seguir garantizando su existencia) pero este enfrentamiento presenta sus claras limitaciones. Este limitante se vuelve aún mayor cuando tenemos en cuenta que el peronismo terminó sometiéndose a los intereses del imperialismo. En el gobierno de Menem llevó adelante los planes neoliberales, que hoy Milei continúa.
Es cierto que durante los Gobiernos de Nestor y Cristina Kirchner se tomaron medidas que permitieron una mejoría en la calidad de vida de muchos trabajadores. Aunque no hay que olvidar que estos gobiernos llegaron después del que se vayan todos del 2001, con la tarea de recomponer el régimen político, que estaba hecho añicos. Contaron con el alza en el precio de los commodities como la soja, más el ajuste ya realizado por Menem y De La Rúa y la devaluación de Duhalde. Todo eso les permitió contar con superávit tanto fiscal como comercial, que se tradujo en cierta bonanza económica en sus primeros años. Aún así, gran parte de ese superávit se utilizó para acordar el pago con el FMI, pagarle a los bonistas y al Club de París, mientras nuestros recursos naturales eran entregados a Chevron, y a Barrick Gold, entre otras multinacionales.
Este mismo limitante se expresa aún más fuerte con el FreSU, incluso en el hecho de que algunos de sus puntos apuntan justamente a empalmar con las demandas de los empresarios nacionales, los mismos que siempre terminan acordando con el imperialismo y las multinacionales. Así está planteado en el punto 3 del programa “Producción nacional, industria y desarrollo” y además en el hecho de que propone “limitar” la tercerización laboral y la subcontratación, en vez de eliminarlas por completo.
Un programa así no puede ser la base para reorganizar las fuerzas del movimiento obrero y construir la nueva dirección que necesitamos. No basta con postularse sólo como opositores a una CGT cada vez más ausente (y como dicen los más jóvenes, la vara no existe). Si queremos hacerle frente realmente al plan de Milei, romper con las cadenas que nos atan al imperialismo y construir un país al servicio de las necesidades de la mayoría, los trabajadores necesitamos construir nuestra propia alternativa independiente de las patronales, su Estado y sus partidos.

