Somos Voz Obrera Socialista, la sección argentina de la Corriente Obrera Revolucionaria Internacional – Cuarta Internacional (CORI-CI).

Queremos construir una herramienta política que le permita a la clase obrera y al pueblo trabajador; liberarse de las miserias, sufrimientos e injusticias que le impone la decadencia del capitalismo, a través del único camino posible: la revolución socialista.

La Argentina capitalista y colonial no va más

Estamos sometidos a un orden social que se hunde en la barbarie. Salarios de hambre, precariedad, desempleo, maltrato a jubilados y sectores más vulnerables, violencia contra las mujeres y minorías, destrucción de la salud y educación, devastación ambiental. Estos males que son el pan de cada día no son el resultado de las políticas de tal o cual gobierno, ni mucho menos problemas “culturales” o de “valores”; sino el verdadero rostro del capitalismo. 

Es que este orden social- que pone al grueso de la sociedad a servir, enriquecer y obedecer a una élite parasitaria, cerrada y codiciosa- ya no tiene nada que ofrecer. No puede ser “humanizado”, ni “civilizado”, ni reformado para que “todos ganemos”. Al contrario: la clase social dominante de la sociedad- una minoría cada vez más reducida y concentrada- nos exprime cada vez más duramente, al compás del declive de su sistema. El acaparamiento de la riqueza producida por la clase obrera con su trabajo (riquezas que podrían resolver con creces todas las necesidades humanas) no les alcanza, y siempre vuelven por más. 

Pero además, el capitalismo de nuestro país es un capitalismo colonial. A pesar de haber logrado imponer su dominio mediante la revolución que echó al colonialismo español en 1810, la clase dominante, la burguesía; no cambió la base de dependencia que el virreinato le había impuesto a nuestro país. Junto al afán de enriquecerse a costa de nuestra pobreza, la entrega del país es para la burguesía argentina su razón de ser. 

Así, pasamos de estar sometidos a España, para luego estar sometidos a Inglaterra; y desde mediados del siglo XX, al imperialismo yanqui y sus socios. Un imperialismo incapaz de generar otra cosa que destrucción, saqueo y muerte a lo largo y ancho del mundo; mientras conduce la humanidad a la extinción. Un imperialismo que hace décadas nos somete con deuda externa, intromisión política y militar; y usurpación de nuestro territorio. Un imperialismo que en el pasado ordenó golpes de estado y genocidios; que instigó los crímenes más aberrantes que se cometieron en nuestro país. 

Un imperialismo que ahora, en la era de su decadencia, trata de redoblar su saqueo y explotación. Las reformas que Milei promueve, son la expresión más acabada del deseo imperialista de expoliarnos los recursos naturales, a costa de nuestro medio ambiente y nuestra salud; y de explotarnos a niveles esclavistas. 

No hay salida con los partidos e instituciones patronales

Siendo la burguesía una clase rabiosamente dominante ante el país, y sumisamente dominada ante el imperialismo; sus partidos políticos no tienen mayores diferencias a la hora de cumplir con los deseos de sus amos del Norte. Sus diferentes sectores pueden parecer más o menos entusiastas a la hora de la entrega, según qué sector de la burguesía representen (los liberales como Milei y Macri suelen estar ligados al sector financiero, los peronistas suelen estar con los sectores industriales, etc.). Pero todos se arrodillan como se vio a lo largo de nuestra historia aunque, como en el caso de los peronistas (y su versión kirchnerista), lo encubran con discursos grandilocuentes sobre la soberanía nacional y consignas como “la Patria no se vende”. 

Por eso no se puede esperar soluciones de fondo de parte de estos partidos. Pero aún si un partido de trabajadores ganara la mayoría del Congreso, o incluso la presidencia; la cosa no cambiaría. Y es que el estado también es burgués. De hecho, es la institución que le permite a la burguesía ser la clase dominante. 

Los diferentes estados que han existido a lo largo de la historia, han defendido el orden social impuesto por la clase social que tiene el poder. Siempre, independientemente de que sector gobierne, qué partido, o incluso qué institución. En el pasado, Argentina ha sufrido gobiernos fraudulentos, dictaduras militares, y hoy una democracia que se basa en un orden “republicano, representativo y federal” como dice la constitución.

Pero esta democracia es una mentira. Es una democracia patronal y colonial, que solo sirve para simular que toda la sociedad acepta que un puñado de parásitos multimillonarios vivan a costa de los demás, así como someterse a los designios imperiales. De nuevo, que los gobiernos incumplan sus promesas no es una excepción sino la regla: la democracia republicana y la constitución también incumplen sus promesas de igualdad y “unión y libertad”.

Y la evidencia mayor de esta mentira es el verdadero pilar que sostiene al estado: las fuerzas militares y policiales, brazo armado de la burguesía contra la clase obrera y el pueblo. No es casualidad que la policía que nunca “puede hacer nada” contra el delito, despliegue toda su fuerza a la hora de reprimir protestas. Como tampoco fue casualidad que los jerarcas militares tan feroces a la hora de masacrar obreros desarmados, hayan sido tan cobardes contra el imperialismo en Malvinas. No es corrupción, ni inutilidad: es la función que les dio la burguesía. 

Hay que hacer una revolución

Los criollos en 1810, estaban atrapados por la opresión asfixiante de la tiranía de Fernando VII. Y dentro de las instituciones y leyes del virreinato, no podían hallar salida a esos males. Así que debieron derribar esas instituciones, imponer una nueva forma de gobierno; y defenderse militarmente de la agresión colonialista.

Los trabajadores y el pueblo estamos en una situación similar e incluso peor: no solo debemos luchar contra la tiranía de los capitalistas, sino que tenemos que enfrentar a los nuevos amos coloniales de Wall Street y la Casa Blanca. Y tenemos que hacerlo de la misma manera en la que se puso fin al imperio colonial español: mediante una revolución que derroque al estado capitalista y colonial, e imponga un nuevo tipo de gobierno.

Tiene que gobernar la clase obrera y el pueblo

La fuente del poder de la burguesía, es la apropiación de lo que produce la clase obrera. Suprimir esa apropiación haciendo que la clase obrera pueda poseer los medios con los que produce; pondría fin al dominio burgués.

Por sí solo, esto explica por qué decimos que la clase obrera tiene que encabezar esta revolución, encabezando al resto de los sectores populares: la lucha contra el capitalismo y el imperialismo, es centralmente una lucha para sacarle a la patronal la posesión de los medios de producción. Sin embargo, la clase obrera escribió su derecho a gobernar este país, no con la tinta de su teoría; sino con la sangre de sus mejores hijos e hijas, en un siglo y medio de luchas.

Es la clase que ha sabido reponerse a golpes genocidas, al martirio de sus mejores dirigentes y luchadores/as. Ha soportado horrores indescriptibles sin dar un paso atrás, particularmente las mujeres de la clase que además de sufrir la explotación, sufren también la opresión de la que se sirve la burguesía para aumentar sus ganancias. Se ha repuesto de la desorganización provocada por el desempleo y el vaciamiento. Ha encabezado las luchas más heroicas, organizada o disuelta entre las masas. Y le ha dado forma a peleas encabezadas por sectores que, si bien no eran parte de la propia clase, estaban íntimamente relacionados. 

En varias de esas luchas, ha plantado los gérmenes del nuevo gobierno, mediante comités o consejos que dependían de las asambleas de base. Con estas herramientas organizativas, se han recuperado fábricas cerradas, se ha enfrentado la represión, e incluso se han gestionado ciertos lugares del país en determinados momentos de la historia. 

Sobre la base de organizaciones obreras y populares controladas desde la base mandatando y revocando representantes; puede ejercerse una democracia real, una democracia obrera que sea el eje de funcionamiento del gobierno que necesitamos. Un gobierno obrero y popular que combine las tareas que la burguesía dejó pendientes (como la liberación del país de las garras imperialistas, terminar con la opresión de los pueblos originarios, las mujeres y diversidades sexuales, el juicio y castigo a los genocidas, etc.) con las tareas que necesitamos para liberarnos de la explotación capitalista. Un gobierno revolucionario, que no solo expanda la revolución por el resto de nuestro continente; sino al mundo entero. 

Un gobierno que base su fuerza en el pueblo en armas; transformando la organización para defenderse que cada lucha debería tener, en el pilar de la defensa de una nueva sociedad sin explotación, ni opresión.

Hace falta un partido revolucionario

La clase obrera ha demostrado su capacidad de lucha para cumplir esta tarea. Si ha fracasado, fue porque sus dirigentes no supieron o no quisieron conducirla hasta ese objetivo. Los dirigentes que hemos tenido en los últimos 80 años; que son parte integral del estado burgués que nos oprime, y han corrompido a nuestras organizaciones. Fundamentalmente el peronismo y su burocracia sindical traidora, que con la bandera de la unidad del campo popular han atado en realidad a la clase obrera a los intereses de los capitalistas argentinos, llevándola de derrota en derrota, entregando conquista tras conquista. 

La clase obrera necesita una nueva dirigencia política y sindical, organizada en un partido que pelee por la revolución socialista. Un partido, de, por y para los obreros y obreras. Un partido de acción, de lucha, ajeno a los despachos, oficinas y bancas; aunque en algunas ocasiones las use para hacer oír el programa revolucionario. Un partido que sepa que no puede contar con el amparo de las leyes patronales, porque conspira para derribarlas. Un partido que solo acepte la financiación del aporte de sus miembros y amigos. Un partido internacionalista en la teoría y en la práctica; que sea parte de una organización internacional. Un partido que de la pelea en la propia clase para combatir el machismo y el conjunto de las opresiones, que la dividen y la debilitan. Un partido cuyo régimen organizativo se base en la más amplia libertad en el debate, y en la más férrea disciplina a la hora de la acción: lo que se conoce como centralismo democrático. Es decir un partido distinto de las actuales fuerzas mayoritarias de la izquierda (FITU, NMAS, Política Obrera), cuya práctica política lamentablemente es opuesta a estos principios. 

Unite a Voz Obrera Socialista

La construcción de ese partido, es la tarea por la cual se crea Voz Obrera Socialista. Seguimos las enseñanzas forjadas por Marx y Engels desde el siglo XIX, perfeccionadas por Lenin y Trotsky durante la revolución rusa y la primera mitad del siglo XX, y enriquecidas por Nahuel Moreno desde la década de 1940. Enseñanzas probadas en la realidad de la lucha contra el capitalismo y el imperialismo. 

Venimos de esa tradición de militancia. Hemos sido parte de la LIT-CI, corriente internacional que desgraciadamente abandonó este legado al romper con el centralismo democrático, expulsando compañeros en el medio de un debate. Para nosotros, una organización revolucionaria debe rechazar las persecuciones a camaradas. 

No nos consideramos los dueños de la verdad, ni los únicos revolucionarios: estamos abiertos a discusiones e incluso fusiones con compañeros que compartan parte o la totalidad de nuestro bagaje teórico, práctico e histórico. 

Pero principalmente nos dirigimos a los obreros y obreras más jóvenes; que han hecho su experiencia con los diferentes gobiernos burgueses que no han hecho más que perjudicarlos, y con dirigentes que los traicionan cada día. 

No les ofrecemos cargos ni beneficios, solo les ofrecemos una visión real de como es el mundo, y de algunas de las tareas que hay que hacerla para cambiarlo: el programa de la revolución espera ser forjado junto a la organización que lo lleve adelante. Sobre todas las cosas, ofrecemos la chance de pelear para que nadie más sufra lo que hemos sufrido durante generaciones. La chance de limpiar a nuestro país y al mundo de los males que lo azotan. 

Invitamos a todos y a todas a ser parte de este proyecto, a colaborar sumando su voz y sus manos  y también a aportar financieramente para que podamos llevarlo adelante

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