Ni calco, ni copia: Mariátegui, pionero del marxismo revolucionario en América Latina

El 14 de junio se cumplieron 132 años del nacimiento de José Carlos Mariátegui, marxista peruano de la primera parte del siglo XX. Olvidado por muchos, mal usado por otros, fue un pionero en intentar aplicar el marxismo a la realidad latinoamericana.

Una vida breve, pero intensa

José Carlos Mariátegui nació en 1894 en Moquegua, Perú, en una familia pobre, por lo que no pudo terminar la escuela. A los 14 años ingresó como alcanzarrejones —el escalón más bajo del oficio— en el diario La Prensa de Lima, y fue en las redacciones, las bibliotecas y los círculos obreros donde se fue educando. Desde su propia experiencia, Mariátegui fue construyendo su pensamiento en contacto directo con la realidad del trabajo y la explotación, no desde las aulas universitarias.

En 1919 fundó, junto a César Falcón, el periódico La Razón, desde donde apoyó las huelgas obreras y el movimiento estudiantil de la Reforma Universitaria, y se plantó como oposición al gobierno de Augusto Leguía. A los pocos meses consiguió una beca para viajar como “corresponsal” a Europa y emprendió viaje.

Los cuatro años europeos fueron el momento bisagra de su formación intelectual. Vivió principalmente en Italia, donde presenció en primera persona el auge del fascismo, el movimiento de los Consejos de Fábrica impulsado por Antonio Gramsci y las derrotas de la revolución alemana y húngara (en 1919). Allí leyó a Marx, Lenin, y filósofos como Sorel y Croce, y participó en debates y congresos de la izquierda europea. Regresó al Perú en 1923 a intentar aplicar la teoría marxista, el método materialista dialéctico a la realidad de su propio país y ese trabajo, al que ahora referiremos, lo convirtió en un pionero original. La cruda enfermedad que padecía hizo que pudiera desarrollar ese trabajo por muy pocos años, ya que murió en 1930, a los 35 años. Pero en ese brevísimo tiempo hizo aportes fundamentales: fundó la revista Amauta en 1926, el Partido Socialista Peruano y la Confederación General de Trabajadores del Perú en 1928.

En este artículo referiré a los que, a mi entender, fueron aportes significativos y fundamentales, aun con las limitaciones, para la elaboración de un programa para la revolución socialista en América Latina.

Un primer análisis materialista para un país latinoamericano

Uno de los aportes más significativos fue la publicación de los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana en 1928[1], ensayos que parten de hacer un análisis de la estructura económica del país, y a partir de ahí del problema del indio y de la tierra, tomando también las cuestiones de la ideología, religión, educación y literatura. Lejos de las concepciones que primaban en la época (humanitarismo liberal, el racismo positivista y el indigenismo romántico), o del incipiente marxismo que lo ignoraba, Mariátegui ubica al problema del indio como una cuestión esencialmente material e imposible de desligar del problema de la tierra. La solución al problema indígena no pasaba por los derechos legales o culturales sino por la propiedad de la tierra. Por lo tanto, la lucha contra la opresión indígena estaba ligada a la de los trabajadores en general contra la explotación.

Esta obra seguramente tiene muchas cuestiones debatibles, que fueron cuestiones polémicas a lo largo de todo el siglo XX en el marxismo latinoamericano, y hay, en mi opinión, un sesgo de idealización del ayllu incaico. Aun así el punto desde el que se para Mariátegui para analizar esa realidad y la perspectiva del programa es sumamente valorable.

Las tareas de la revolución y la Tercera Internacional

El período de elaboración marxista de Mariátegui se dio en medio de las derrotas ya citadas y el inicio y desarrollo de la burocratización de la URSS. Su perspectiva del carácter necesariamente socialista de la revolución en América Latina era opuesta a las concepciones que el stalinismo estaba elaborando desde la dirección de la Comintern.

Estas concepciones sostenían que los países coloniales y semicoloniales, que no habían completado su revolución burguesa, debían pasar primero por esa etapa y, en ese sentido, la clase obrera y los sectores populares debían aliarse con las burguesías nacionales progresistas. También discute expresamente con las posiciones nacionalistas burguesas como la de Víctor Haya de la Torre del APRA —Alianza Popular Revolucionaria Americana— fundado en 1924, que planteaba un movimiento, y luego partido, policlasista y antiimperialista.

En 1929 se realizó la primera conferencia comunista latinoamericana en Buenos Aires. Mariátegui no pudo viajar por su estado de salud ya deteriorado, pero mandó un texto, “El punto de vista antiimperialista”[2], en el que decía:

“El anti-imperialismo, para nosotros, no constituye ni puede constituir, por sí solo, un programa político, un movimiento de masas apto para la conquista del poder. El anti-imperialismo, admitido que pudiese movilizar al lado de las masas obreras y campesinas, a la burguesía y pequeña burguesía nacionalistas (ya hemos negado terminantemente esta posibilidad) no anula el antagonismo entre las clases, no suprime su diferencia de intereses.

Ni la burguesía, ni la pequeña burguesía en el poder pueden hacer una política anti-imperialista. (…) Sin prescindir del empleo de ningún elemento de agitación anti-imperialista, ni de ningún medio de movilización de los sectores sociales que eventualmente pueden concurrir a esta lucha, nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera.”

Llevar esta posición, y que los delegados del Partido Socialista Peruano se negaron a condenar al trotskismo sin tener elementos para hacerlo, le costó que lo tildaran de trotskista. No existen evidencias de que Mariátegui haya tenido relación explícita con Trotski. Sin embargo, que hayan tenido alguna similitud en la perspectiva que pone el centro en el carácter socialista de la revolución en los países semicoloniales y la necesidad de enfrentamiento con sus burguesías no es obra del azar. El IV Congreso de la Tercera Internacional Comunista (noviembre de 1922) votó un breve texto sobre América Latina[3] (que quedó casi borrado gracias a la tergiversación estalinista), en el que se expresaba claramente:

“Camaradas, a la ofensiva burguesa, oponed la unidad proletaria. Organizaos, unid vuestra acción revolucionaria a la acción de la clase obrera y campesina de toda América y de todos los países del globo. Luchad contra vuestra propia burguesía y lucharéis contra el imperialismo yanqui que encarna en sumo grado la reacción capitalista. Uníos en torno a la bandera de la revolución rusa que creó las bases de la revolución proletaria mundial.”

La orientación de la Internacional Comunista hasta 1923 es lo que estaba siguiendo Mariátegui, y también la perspectiva de las elaboraciones de Trotsky, que venía desarrollando desde 1905 y sistematizó como Teoría de la Revolución Permanente en polémica con el estalinismo, particularmente a partir del caso chino.

Como consecuencia de esas concepciones, Mariátegui puso mucho énfasis en la necesidad del carácter obrero del partido y en la organización del proletariado de su propio país. Tal es así que fue parte fundamental en la fundación de la Confederación General de los Trabajadores del Perú, en cuyo manifiesto se incluye también la situación de las mujeres obreras como una cuestión específica, lo cual no era del todo usual. Esta concepción del sujeto y del partido es, precisamente, la que está en la base de su afirmación de un socialismo indoamericano propio.

Ni calco, ni copia: creación heroica

Mariátegui fue olvidado por las corrientes trotskistas latinoamericanas y apropiado, tergiversándolo, por sectores castrochavistas y demás defensores de lo que se llamó socialismo del siglo XXI (que no era más que movimientos de conciliación de clases), asociándolo con la idea de rechazo al marxismo clásico por europeizante. Sin embargo el concepto de que el socialismo indoamericano no debe ser ni calco, ni copia es opuesto al uso que los reformistas le quisieron dar. En “Aniversario y balance”[4], publicado en la Revista Amauta en 1928, lo expresa claramente:

“El socialismo no es, ciertamente, una doctrina indoamericana. Pero ninguna doctrina, ningún sistema contemporáneo lo es ni puede serlo. Y el socialismo, aunque haya nacido en Europa, como el capitalismo, no es tampoco específico ni particularmente europeo. Es un movimiento mundial, al cual no sustrae ninguno de los países que se mueven dentro de la órbita de la civilización occidental. (…) No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva. (…) Capitalismo o socialismo, ese es el problema de nuestra época.”

Esa creación heroica sigue siendo una tarea pendiente y necesaria. Y para hacerla los marxistas latinoamericanos tenemos en Mariátegui un pionero inspirador al que revalorizar.


[1] José Carlos Mariátegui, “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana”, Lima, 1928. Edición de referencia: Biblioteca Amauta, Lima, 1952.

[2] José Carlos Mariátegui, “El punto de vista antiimperialista”, texto presentado en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, Buenos Aires, junio de 1929. Publicado en: Ideología y política, Lima, Biblioteca Amauta, 1969.

[3] IV Congreso de la Internacional Comunista, noviembre de 1922. Tesis sobre la situación en América Latina.

[4] José Carlos Mariátegui, “Aniversario y balance”, Revista Amauta, N° 17, Lima, septiembre de 1928. Reproducido en: Ideología y política, Lima, Biblioteca Amauta, 1969.

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