El gobierno de Milei es sin duda uno de los más antiobreros y entreguistas que hemos tenido. Aplica un plan de saqueo y superexplotación que está al servicio de las patronales, los yanquis y el FMI. Los salarios son miserables, siguen las suspensiones y cierres de empresas y el consumo se derrumba mientras un puñado de grandes empresarios, multinacionales y bancos se siguen enriqueciendo.
Pero no podría hacer esto sin la complicidad o pasividad de la oposición patronal y la traición de la CGT y la mayoría de las conducciones sindicales. Algunos como el PRO, los radicales y parte del peronismo le votan las leyes (Ley Bases, RIGI, super RIGI, Reforma laboral, etc). Otros como el kirchnerismo, la CGT y las CTA hacen una oposición testimonial pero no se juegan a movilizar como podrían para derrotar los ataques del gobierno. Furlán por su parte integra el FRESU, un agrupamiento de sindicatos que se presenta como más combativo pero que no propone ninguna medida de lucha (ver El FreSU y su programa: ¿una alternativa para el movimiento obrero?) Todos estos últimos se limitan a ofrecer como salida un futuro gobierno peronista. Como si el peronismo no hubiera gobernado con Alberto, Cristina y Massa acordando con el FMI y reduciéndonos el salario con una inflación del 200%.
Ante semejante panorama, es natural preguntarse qué pueden hacer los metalúrgicos al respecto. Es que mientras avanza la disputa entre camarillas de dirigentes, empresarios y políticos por el control de la UOM (ver Intervención en la UOM: ¿Quién defiende a los metalúrgicos?); el día a día de los obreros es trágico: en cada fábrica vemos cómo baja el laburo, cómo los salarios alcanzan para cada vez menos y cómo las patronales van avanzando de a poquito sobre los pocos derechos que nos quedan.
En algunas fábricas ya ni siquiera hay organización sindical. En otras los delegados están completamente corrompidos, o desmoralizados pensando en arreglar e irse a probar suerte a otro lado. En algunas hay delegados dispuestos a luchar pero se ven completamente abandonados por sus propios dirigentes. Y un sector cada vez más grande de compañeros junta cada día más bronca sin tampoco ver por dónde salir de esto. Y sobre todos estos males, flota una idea difícil de asumir: las leyes, los ministerios y los juzgados solo sirven para que los patrones se vuelvan más ricos; nada bueno podemos obtener si esperamos una ayuda de su lado.
Pareciera que, como les gusta repetir a los dirigentes, “no se puede hacer nada”. Pero la realidad es que a pesar de la traición y los chanchullos de los dirigentes, y los ataques del gobierno y las patronales; seguimos contando con una carta a nuestro favor: no solo seguimos siendo el sindicato industrial más grande sino que aún tenemos incidencia en los pocos sectores productivos que prosperan en este país asolado por la desindustrialización y el extractivismo que promueve el gobierno.
Es decir tenemos fuerza para resistir Y tenemos medios para buscar solucionar nuestros problemas de trabajo y salario. Pero para eso tenemos que derrotar a quienes nos vienen chupando la sangre, con aún más ganas desde diciembre de 2023.
Otro camino para defendernos
Durante décadas el sometimiento de los gremios a los ministerios y a los juzgados impuso la creencia de que un sindicato no es otra cosa que una personería jurídica una organización dependiente del Estado, sus leyes y el gobierno de turno. Se impuso la creencia de que sin permiso legal o judicial no podemos defendernos. Que el valor del salario que nos ganamos con nuestro esfuerzo debe ser decidido por otros. Todo esto es absolutamente falso. En un próximo artículo ampliaremos sobre esto.
Los sindicatos nacieron siendo la expresión de la voluntad unida de los trabajadores de mejorar sus vidas. Del entendimiento de que en lugar de competir entre nosotros o esperar a que nos resuelvan los problemas tenemos que tirar todos parejos. Y hoy más que nunca es necesario volver a entender eso.
Tenemos que ponernos de acuerdo en cada lugar de trabajo para ver cómo hacer para pelear por nuestro salario trabajo y derechos. Hay que imponer delegados realmente dispuestos a representar a sus compañeros. No solamente organizar asambleas dentro o fuera de las plantas (permitidas o ilegales) para discutir nuestros planes, sino crear comisiones u organizaciones propias que sirvan de apoyo a estos delegados para organizar a los personales de cada establecimiento, incluyendo a los tercerizados y de agencia, sector por sector.
También tenemos que ponernos en contacto entre diferentes fábricas incluso con fábricas de otros gremios para organizar el respaldo a las luchas que están en curso. Esto no sólo es importante para ayudar a que triunfen con la solidaridad obrera y popular, porque de esa manera nos fortalecemos todos en la lucha contra las patronales y el gobierno. También lo es desde una perspectiva más estratégica que es la de construir una nueva dirección del movimiento obrero.
Construir una nueva dirección para derrotar a Milei
Mientras la luchas sigan en manos de conducciones burocráticas como la de la CGT, las CTA o la de la UOM seguirán las traiciones y las derrotas, y serán muy pocos los logros que conseguiremos. Es necesario romper el chaleco de fuerza que nos imponen las distintas burocracias seccionales y de cada sindicato, que impiden la participación democrática de la base y la pelea unificada de distintos sectores del movimiento obrero, e incluso dentro del mismo gremio. Para lograr esto es fundamental desarrollar la coordinación por la base de delegados y luchadores dentro del gremio y con otros gremios. Un paso en ese sentido pueden ser los plenarios de delegados con mandatos de base para impulsar luchas en común. A partir de esos plenarios podríamos empezar a debatir también cuáles son las propuestas para empezar a resolver de verdad los problemas del pueblo trabajador. Un plan obrero y popular de emergencia común que unifique la lucha del gremio con la del resto del movimiento obrero, los desocupados y los sectores medios empobrecidos por el plan del gobierno. También tendremos que discutir cómo nos organizamos para defendernos de la represión del gobierno, con piquetes preparados para enfrentarla y derrotarla con lo que sea necesario. Creemos que ese es el camino para empezar a poner en pie una nueva conducción del movimiento obrero que pueda organizar el plan de lucha y la huelga general para derrotar el plan de Milei, Trump y el FMI.
Voz Obrera Socialista pone todos sus esfuerzos a disposición de estas tareas. Estamos al servicio de cada compañera o compañero que quiera romper la pasividad ante tantos atropellos.

