Ninguna palabra nunca
ningún discurso
—ni Freud, ni Martí —
sirvió para detener la mano
la máquina
del torturador.
Pero cuando una palabra escrita
en el margen en la página en la pared
sirve para aliviar el dolor de un torturado,
la literatura tiene sentido.
Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) es la voz insumisa del exilio uruguayo. Obligada al destierro en 1972 por la dictadura, convirtió la escritura en su único territorio soberano.
Ganadora del Premio Cervantes, su vida es un testimonio de resistencia política y libertad absoluta. Ante la barbarie, su respuesta siempre fue la palabra; una ética que no necesita explicación.

